Lhucas
Poeta recién llegado
Un perro herido al final de la calle
mira al infinito, pensando que cuando
se crucen las miradas
todo habrá pasado.
Un viejo sillón olvidado,
tirado a la deriva,
esperando impaciente
que el camión de la tristeza
pase a recogerlo.
Miro y no veo nada,
rostros sin ojos
me acosan en cada esquina,
oigo el crujir de una escalera,
con pasos firmes y pesados,
estáticos,
jamás avanzando.
Puede que esté tan lejos
que nadie logre alcanzarme,
o puede que esté tan hundido
que nadie ose adentrarse
en el profundo abismo
de mi alma,
o puede que ambas.
No lo sé
ni quiero saberlo,
solamente quiero
algún destello
que me ilumine el camino
cuando las sombras me atrapen.
mira al infinito, pensando que cuando
se crucen las miradas
todo habrá pasado.
Un viejo sillón olvidado,
tirado a la deriva,
esperando impaciente
que el camión de la tristeza
pase a recogerlo.
Miro y no veo nada,
rostros sin ojos
me acosan en cada esquina,
oigo el crujir de una escalera,
con pasos firmes y pesados,
estáticos,
jamás avanzando.
Puede que esté tan lejos
que nadie logre alcanzarme,
o puede que esté tan hundido
que nadie ose adentrarse
en el profundo abismo
de mi alma,
o puede que ambas.
No lo sé
ni quiero saberlo,
solamente quiero
algún destello
que me ilumine el camino
cuando las sombras me atrapen.