El filo de tus labios
recorta las palabras en dagas de alquitrán:
"Adiós" tiene algo de la muerte
y nunca más la mirada.
Las manos se desatan en pájaros heridos
y ya no vuelan en los sueños del infinito.
Prisionero de noches miserables y días clausurados,
el pecho se abre al dolor del abandono.
Los abrazos y los besos sobreviven
en las horas mustias de la memoria;
en la lágrima que nace
en el pulso de la soledad.
Un laberinto sin fin
ante el umbral de la locura,
una grieta eterna
en el funeral del corazón.
Y ahora que todo el desamor
es la lluvia que incinera
lo fugaz de mi existencia;
mi amor se extingue lentamente
en el reloj eterno del universo,
en esa flor marchita,
en aquel barco de otoño,
en este tiempo y olvido,
en estas cenizas y viento.
Ángel
recorta las palabras en dagas de alquitrán:
"Adiós" tiene algo de la muerte
y nunca más la mirada.
Las manos se desatan en pájaros heridos
y ya no vuelan en los sueños del infinito.
Prisionero de noches miserables y días clausurados,
el pecho se abre al dolor del abandono.
Los abrazos y los besos sobreviven
en las horas mustias de la memoria;
en la lágrima que nace
en el pulso de la soledad.
Un laberinto sin fin
ante el umbral de la locura,
una grieta eterna
en el funeral del corazón.
Y ahora que todo el desamor
es la lluvia que incinera
lo fugaz de mi existencia;
mi amor se extingue lentamente
en el reloj eterno del universo,
en esa flor marchita,
en aquel barco de otoño,
en este tiempo y olvido,
en estas cenizas y viento.
Ángel