Tomasa
Poeta recién llegado
Me acostumbré a su presencia;
la alternativa era la mala compañía.
Entra en la habitación
mientras tecleo al portátil;
no dice nada,
espera a que me canse
y deje todo a medias;
me conoce mejor que yo.
La asumo como esas cosas
que se dan por hechas.
Me reconforta su actitud,
su discreción,
esa forma que tiene de callarse
lo mucho que no acabo de aprender.
No juzga, no critica, no desprecia;
tan solo me acompaña
en mi insignificancia,
en este anonimato
de nombres y adjetivos.
A veces, pero pocas,
lamento abandonarla
en medio de la gente.
A veces, demasiadas,
intento hablar con ella
aunque no me responda.
No descarto que un día
nos echemos de menos.
la alternativa era la mala compañía.
Entra en la habitación
mientras tecleo al portátil;
no dice nada,
espera a que me canse
y deje todo a medias;
me conoce mejor que yo.
La asumo como esas cosas
que se dan por hechas.
Me reconforta su actitud,
su discreción,
esa forma que tiene de callarse
lo mucho que no acabo de aprender.
No juzga, no critica, no desprecia;
tan solo me acompaña
en mi insignificancia,
en este anonimato
de nombres y adjetivos.
A veces, pero pocas,
lamento abandonarla
en medio de la gente.
A veces, demasiadas,
intento hablar con ella
aunque no me responda.
No descarto que un día
nos echemos de menos.