Leonardo Velazcoaran
Poeta asiduo al portal
La carta de siempre,
de todos los domingos.
La carta que dice lo que nunca te he dicho
y que esta vez tampoco te diré.
La carta de siempre que ahogo en olvido,
en fiebre,
en podrías,
hubieras sin posibilidades.
En luna llena de ti y mis recuerdos.
Mañana será otro día.
Otro día,
otra semana de verte con otro,
de llorarte amargamente en todo lo que lleve tu nombre
y se llame como tú decidiste que debería ser llamado.
En la peor parte de cada re encuentro que tenemos
y que calcula hasta el último deseo no realizado,
el último deseo reprimido.
Sólo tu.
Sólo yo.
Sólo el largo vacío que se nota entre mis manos,
por entre mis brazos, a través de los ojos.
Sólo la mascarada continua de mentirme,
de saberme hueco.
De mirarte inclusive aún a pesar
de saber que te mueres por caminar de la mano,
por el muelle de la debilidad de otras manos,
de la mano de otra mano.
Caminado junto a la sombra de alguien
que jamás te ha amado,
que jamás lo hará.
Besando a quien no quieres oír hablar,
porque no habla como tú.
Besando su boca, leyendo un poema de Onetti
y escribiendo lo que desearías
teniendo la esperanza de que él lo entienda.
Esperando morir en los brazos de quien no te ha pedido que te mueras en sus brazos
de quien no ha muerto por ti.
Yo,
tù,
en polos distantes y tan cercanos.
Tú,
yo,
definición de imposible,
redención.
Redención
que en algunos días también
también fue la razón para descubrir te amos,
para pensar en contigos,
para desear en conmigos.
Injusticias.
Penurias silenciosas.
Pedir el permiso de las noches para incluirte en mis sueños
aún sabiendo que sueñas en otro paraje, con otros sueños.
Esperar a dormir frente al teléfono con la casi risoria esperanza de oírlo sonar
y al contestar escuchar la voz,
tu voz,
diciendo cualquier cosa,
diciendo nada.
Tú,
yo.
Equidistantes del miedo,
Soledades,
solitarios.
Abismos casi lineales,
siempre tan juntos contando lo que desearíamos,
sin decirnos nada,
adivinando todo.
Equidistantes de verdades,
del miedo,
de la noche,
de la mentira,
de tus labios,
de mis palabras,
del olvido.
Tú,
yo,
soledades,
solitarios.
de todos los domingos.
La carta que dice lo que nunca te he dicho
y que esta vez tampoco te diré.
La carta de siempre que ahogo en olvido,
en fiebre,
en podrías,
hubieras sin posibilidades.
En luna llena de ti y mis recuerdos.
Mañana será otro día.
Otro día,
otra semana de verte con otro,
de llorarte amargamente en todo lo que lleve tu nombre
y se llame como tú decidiste que debería ser llamado.
En la peor parte de cada re encuentro que tenemos
y que calcula hasta el último deseo no realizado,
el último deseo reprimido.
Sólo tu.
Sólo yo.
Sólo el largo vacío que se nota entre mis manos,
por entre mis brazos, a través de los ojos.
Sólo la mascarada continua de mentirme,
de saberme hueco.
De mirarte inclusive aún a pesar
de saber que te mueres por caminar de la mano,
por el muelle de la debilidad de otras manos,
de la mano de otra mano.
Caminado junto a la sombra de alguien
que jamás te ha amado,
que jamás lo hará.
Besando a quien no quieres oír hablar,
porque no habla como tú.
Besando su boca, leyendo un poema de Onetti
y escribiendo lo que desearías
teniendo la esperanza de que él lo entienda.
Esperando morir en los brazos de quien no te ha pedido que te mueras en sus brazos
de quien no ha muerto por ti.
Yo,
tù,
en polos distantes y tan cercanos.
Tú,
yo,
definición de imposible,
redención.
Redención
que en algunos días también
también fue la razón para descubrir te amos,
para pensar en contigos,
para desear en conmigos.
Injusticias.
Penurias silenciosas.
Pedir el permiso de las noches para incluirte en mis sueños
aún sabiendo que sueñas en otro paraje, con otros sueños.
Esperar a dormir frente al teléfono con la casi risoria esperanza de oírlo sonar
y al contestar escuchar la voz,
tu voz,
diciendo cualquier cosa,
diciendo nada.
Tú,
yo.
Equidistantes del miedo,
Soledades,
solitarios.
Abismos casi lineales,
siempre tan juntos contando lo que desearíamos,
sin decirnos nada,
adivinando todo.
Equidistantes de verdades,
del miedo,
de la noche,
de la mentira,
de tus labios,
de mis palabras,
del olvido.
Tú,
yo,
soledades,
solitarios.
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