Soliloquio

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Signos de pregunta,
exclamaciones dejan signos internos,
en la duda de la mente,
en la consciencia del lenguaje,

cada letra, cada oración,
caen como dominó,
o se refleja junto a la realidad,

palabras nunca sabias,
sabia la conclusión,
el perdón casual del viento,
o su causalidad,

vislumbra esta tinta la oscuridad del cielo,

y son tan parecidas,

enjambre de luces y anhelos,
condensan sueños
y congelan promesas,
que se quiebran como cuerpos,
danzándole al frío del astro que guste,

gustoso el tiempo de perderlos,

aunque somos tiempo,
como segundos eternos que se queman,
por vivir ardiendo,

somos antorchas
que desean alumbrar al mundo
por no poder encender al alma,

somos mundos,
aunque inciertos y desconocidos,

somos rumbos,
aunque extensos por nunca ceder,
a querer imaginar aun mas allá de la vida,

somos signos de luz,
para un folio inimaginable,
inundado de tinte negruzco
que siempre, y a la vez nunca fue entintado,

somos templos, aunque roídos
de cuerpo desertor,

fluimos entre efervescencia etérea,
para rellenar un mosaico
que alguien creía propio,

somos soliloquio inútil.
 
Signos de pregunta,
exclamaciones dejan signos internos,
en la duda de la mente,
en la consciencia del lenguaje,

cada letra, cada oración,
caen como dominó,
o se refleja junto a la realidad,

palabras nunca sabias,
sabia la conclusión,
el perdón casual del viento,
o su causalidad,

vislumbra esta tinta la oscuridad del cielo,

y son tan parecidas,

enjambre de luces y anhelos,
condensan sueños
y congelan promesas,
que se quiebran como cuerpos,
danzándole al frío del astro que guste,

gustoso el tiempo de perderlos,

aunque somos tiempo,
como segundos eternos que se queman,
por vivir ardiendo,

somos antorchas
que desean alumbrar al mundo
por no poder encender al alma,

somos mundos,
aunque inciertos y desconocidos,

somos rumbos,
aunque extensos por nunca ceder,
a querer imaginar aun mas allá de la vida,

somos signos de luz,
para un folio inimaginable,
inundado de tinte negruzco
que siempre, y a la vez nunca fue entintado,

somos templos, aunque roídos
de cuerpo desertor,

fluimos entre efervescencia etérea,
para rellenar un mosaico
que alguien creía propio,

somos soliloquio inútil.
Muy bueno, hay mucha verdad aquí.

Saludos
 

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