SOLILOQUIOS EN EL PASEO VESPERTINO
El silencio de los mármoles
solivianta a las palomas
que aceleran sus latidos
al ritmo de tres por cuatro.
La geometría de las sombras
tan voluble tan pausada
asemeja a las viejas casas de arrabal
con las capillas remotas
que se esconden en los trascoros sahumados.
Escribí en el envés de la hoja
que murió sobre mi regazo
Escribí un verso de amor
sin saber que el amor no tiene fecha.
Tus pasos junto a los míos eran ecos
dormiciones de sonidos sincopados.
Tú eras un simple trozo de niebla con forma de corazón
en la callada rotonda te abandoné
junto a un periódico olvidado.
Extrañas formas de olas desairadas.
Tus cabellos se pronuncian
con el desusado acento de los cantos gregorianos.
Sin embargo cómo me gusta acariciarlos
con la suave parsimonia
que podría hacerlo una lágrima.
Encuentro en la sombra altiva del ciprés
como en la de un viejo paraguas
aquellas osadías de la espada
la insólita vergüenza
del amante traicionado.
La hora de cierre del parque interrumpe mi paseo
La magnética farola atrae falenas y hojas secas de hiedra
Yo miro mi reflejo en el estanque
Está oscuro y me disuelvo en sus aguas.
Ilust.: Paul Delvaux. “Paisaje con farolas”. 1958
El silencio de los mármoles
solivianta a las palomas
que aceleran sus latidos
al ritmo de tres por cuatro.
La geometría de las sombras
tan voluble tan pausada
asemeja a las viejas casas de arrabal
con las capillas remotas
que se esconden en los trascoros sahumados.
Escribí en el envés de la hoja
que murió sobre mi regazo
Escribí un verso de amor
sin saber que el amor no tiene fecha.
Tus pasos junto a los míos eran ecos
dormiciones de sonidos sincopados.
Tú eras un simple trozo de niebla con forma de corazón
en la callada rotonda te abandoné
junto a un periódico olvidado.
Extrañas formas de olas desairadas.
Tus cabellos se pronuncian
con el desusado acento de los cantos gregorianos.
Sin embargo cómo me gusta acariciarlos
con la suave parsimonia
que podría hacerlo una lágrima.
Encuentro en la sombra altiva del ciprés
como en la de un viejo paraguas
aquellas osadías de la espada
la insólita vergüenza
del amante traicionado.
La hora de cierre del parque interrumpe mi paseo
La magnética farola atrae falenas y hojas secas de hiedra
Yo miro mi reflejo en el estanque
Está oscuro y me disuelvo en sus aguas.
Ilust.: Paul Delvaux. “Paisaje con farolas”. 1958