Alan Gabriel
Poeta recién llegado
Las luces iluminan los cielos de mis ojos,
las voces resuenan en mis oídos como si estuvieran realmente allí.
Permanezco inmóvil, alejado de las celebraciones sagradas de este día,
no intento dibujar una sonrisa en mi caótica frialdad.
El aroma familiar se desvanece entre gritos y quiebres de copas de cristal,
deseos de una mejor vida no se destacan en aquel brindis transparente.
Solo el espejo acompaña el reflejo de la miseria en la que caí,
mientras los manteles de seda se hunden en el olvidado recuerdo de mi solitaria Navidad.