Te retrato en mis nostalgias mientras escucho el silencio de tu distancia,
El ocaso baña mis miradas más ciegas, e impregna de aromas mi letanía sincera,
Arranco una nube de sus aposentos, y me sirvo de su humedad para coronar mi inquietud,
Intento presagiarte, aún cuando hay abismos insondables que extravían la memoria en su acostumbrada incertidumbre,
El aire dispone de sus virtudes, e intenta hacerme llegar a ti con sus halos de poder humilde,
Porque el mundo gira a mi favor, y yo me detengo a observarlo para que de detenga...
No hay soberbia ni necesidad de él,
Pues mi humanidad entera, se hincha adolorida si no puede tocar las estrellas celestes que juegan en tu cara.
Para Franciso Ivan, un excelente amigo