Majestuosa doncella, con cabello áureo y sedoso
Como los untuosos y balsámicos pétalos de acacia.
Con mirada penetrante y aceitunada, que reside encarnada
Sus manos tersas y plácidas, yacen amordazadas
Su boca sedienta, se amarga por la sangre de sus heridas
Su alma agónica y vil forra al crepúsculo su gesto
Creando un rojizo manto, siendo cicatrices que agravian.
Izando su destino a la oquedad de la amargura,
Y a un abismo de melancolía que se cubre ultrajada.
Se menguan sus andadas, como neblina calada
Cubriendo de bruma tu albergue, se enturbia
La frazada hilada con la ella que se cobijaba
Simulando sus brazos ceñidos aprisionándola
Palpando su busto que como bocanada se disipaba
Pero que le amparaba en el tártaro de su letanía.
Tenía en su sangre, la última vaharada que jadeo
Donde auroras encallecidas se abrieron paso en su alma
Perforando el amor por su doncella, que estocada
Por cada golpe apuñalando los besos que no le dio
Ahora en hebra de su frazada se encuentra
El cutis que desdijo el acero que en su corazón calo
Y ella en recelo esta enrejada, por quimeras
Milongas y añoranzas del que fue su vida
Ahora atisba su reflejo que en un cristal se quiebra
Adormece en la umbría de su piltra
Dogmatizando el lánguido destello
que en la frazada se resplandece
Es el fulgor de sus ojos pidiéndole revancha
Como los untuosos y balsámicos pétalos de acacia.
Con mirada penetrante y aceitunada, que reside encarnada
Sus manos tersas y plácidas, yacen amordazadas
Su boca sedienta, se amarga por la sangre de sus heridas
Su alma agónica y vil forra al crepúsculo su gesto
Creando un rojizo manto, siendo cicatrices que agravian.
Izando su destino a la oquedad de la amargura,
Y a un abismo de melancolía que se cubre ultrajada.
Se menguan sus andadas, como neblina calada
Cubriendo de bruma tu albergue, se enturbia
La frazada hilada con la ella que se cobijaba
Simulando sus brazos ceñidos aprisionándola
Palpando su busto que como bocanada se disipaba
Pero que le amparaba en el tártaro de su letanía.
Tenía en su sangre, la última vaharada que jadeo
Donde auroras encallecidas se abrieron paso en su alma
Perforando el amor por su doncella, que estocada
Por cada golpe apuñalando los besos que no le dio
Ahora en hebra de su frazada se encuentra
El cutis que desdijo el acero que en su corazón calo
Y ella en recelo esta enrejada, por quimeras
Milongas y añoranzas del que fue su vida
Ahora atisba su reflejo que en un cristal se quiebra
Adormece en la umbría de su piltra
Dogmatizando el lánguido destello
que en la frazada se resplandece
Es el fulgor de sus ojos pidiéndole revancha
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