Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Pídele a la tormenta que se calle
y la tormenta callará,
te lo dije en tus brazos.
Pídele al mar bravío que se calme
y el mar así se calmará,
te lo dije en un beso.
Pídele al viento fuerte que descanse
y el viento allí descansará,
te lo dije al oído.
Pídele al sol poniente que regrese
y el sol poniente volverá,
te lo dije a tu espalda.
Pídele a mi corazón que no te ame
y el corazón te adorará,
te lo dije de rodillas.
Pide que por amor te deje libre,
te dije -¡sí!- no sé por qué,
y anidaste en otros brazos.
Luego sin avisarme que marchabas,
te fuiste y sólo me quedé.
Casi muero por tu ausencia.
Pídeme que te quiera como antaño,
más solo a Dios adoro así.
Te lo digo con el alma.
-¡Juro!- Cuando te amé te fui sincero
y no hay otra oportunidad,
no lo digo con tristeza.
Pídeme nuevamente que te quiera,
mi corazón no dudará,
no repite traicioneras.
Pídeme con tu llanto que te acepte
y una gran risa escucharás.
No lastimes tus rodillas.
Pídele a la tormenta, al viento fuerte
y al mar bravío que no más,
notarás que no te escuchan.
Danzan solo a la voz del Dios Eterno,
tú no eres nada ante el Señor.
Solo en El tengo confianza.
y la tormenta callará,
te lo dije en tus brazos.
Pídele al mar bravío que se calme
y el mar así se calmará,
te lo dije en un beso.
Pídele al viento fuerte que descanse
y el viento allí descansará,
te lo dije al oído.
Pídele al sol poniente que regrese
y el sol poniente volverá,
te lo dije a tu espalda.
Pídele a mi corazón que no te ame
y el corazón te adorará,
te lo dije de rodillas.
Pide que por amor te deje libre,
te dije -¡sí!- no sé por qué,
y anidaste en otros brazos.
Luego sin avisarme que marchabas,
te fuiste y sólo me quedé.
Casi muero por tu ausencia.
Pídeme que te quiera como antaño,
más solo a Dios adoro así.
Te lo digo con el alma.
-¡Juro!- Cuando te amé te fui sincero
y no hay otra oportunidad,
no lo digo con tristeza.
Pídeme nuevamente que te quiera,
mi corazón no dudará,
no repite traicioneras.
Pídeme con tu llanto que te acepte
y una gran risa escucharás.
No lastimes tus rodillas.
Pídele a la tormenta, al viento fuerte
y al mar bravío que no más,
notarás que no te escuchan.
Danzan solo a la voz del Dios Eterno,
tú no eres nada ante el Señor.
Solo en El tengo confianza.