Solo el ojo observador

Y las fresas consagraron la autopista hacia el cielo y desde entonces el hombre calma su apetito a base de observar de lejos la similitud entre el alimento y el deseo de triturarlo.


No posee más hambre el que come hasta que atraganta, sino aquel que observa y apacigua con calma sus intenciones de devorarla.
El hambre un elemento que lleva al crisol candente para observar
que el deseo es poco cuando la felicidad no existe. excelente
pensamiento. slaudos de luzyabsenta
 

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