Quetzalcoatl vallejo
Poeta recién llegado
SÓLO FUISTE UN POETA TRISTE.
Nunca fuiste caballero
ni amante de la Luna
ni todas esas cosas que dicen los poetas.
No salvaste a nadie de caer en tus letras.
Y sólo sonreíste
cuando el amor te humedeció los labios.
Nunca fuiste esa canción,
esa esperanza en la ventana.
En medio de la habitación
sólo estabas tú
y en medio de ti,
tu alma.
El amor es gato de monte
y siempre creíste que era flor.
Pero ahora;
el mundo entero se te viene encima
como una avalancha de dolor.
Y ni tu sangre es tinta
ni magia tu poesía
y no hay cerca de ti una musa que acaricie tus cabellos
ni un perro tótem
que te lama las heridas.
Jamás fuiste caballero
y el mote de poeta siempre te quedó bien lejos.
Ahora rengueas como un soldado herido en la batalla
a quien nadie importa,
a quien nadie le interesa
Ni halla.
Alguna vez las palabras
te llovieron como gotas
pero ahora tu boca guarda
el sabor a leño
de tu sangre seca.
Ahora ya lo sabes,
que todo en éste mundo termina por romperse
y no es extraño entonces que te sientas fenecido.
Como el muro de un baño público
como un árbol quemado
como el nombre imposible
de aquél que no ha nacido.
.
Nunca fuiste caballero
ni amante de la Luna
ni todas esas cosas que dicen los poetas.
No salvaste a nadie de caer en tus letras.
Y sólo sonreíste
cuando el amor te humedeció los labios.
Nunca fuiste esa canción,
esa esperanza en la ventana.
En medio de la habitación
sólo estabas tú
y en medio de ti,
tu alma.
El amor es gato de monte
y siempre creíste que era flor.
Pero ahora;
el mundo entero se te viene encima
como una avalancha de dolor.
Y ni tu sangre es tinta
ni magia tu poesía
y no hay cerca de ti una musa que acaricie tus cabellos
ni un perro tótem
que te lama las heridas.
Jamás fuiste caballero
y el mote de poeta siempre te quedó bien lejos.
Ahora rengueas como un soldado herido en la batalla
a quien nadie importa,
a quien nadie le interesa
Ni halla.
Alguna vez las palabras
te llovieron como gotas
pero ahora tu boca guarda
el sabor a leño
de tu sangre seca.
Ahora ya lo sabes,
que todo en éste mundo termina por romperse
y no es extraño entonces que te sientas fenecido.
Como el muro de un baño público
como un árbol quemado
como el nombre imposible
de aquél que no ha nacido.
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