David Yela
Poeta recién llegado
Qué la matemática está equivocada, qué lo sepas, qué nada y nada hacen un poquito, qué los números primos son primos hasta que se enamoran, qué si tus labios fuesen asíntotas no habría función que no se lanzase de cabeza a cruzar la vertical, la horizontal y la oblicua.
Qué las ciencias no tienen ni puta idea, qué la única evolución que importa es la que explica como armas tu sonrisa, qué el brillo de mis ojos no tiene nada que ver con los genes recesivos y que la gravedad que me ata los pies al suelo no arde en un núcleo de magma sino en un corazón que late entre toallas mojadas.
Qué la historia me la suda, que para revolución lo que estremece mi alma y me obliga a levantar, que mi pasado son heridas y pelos en la almohada y que si el futuro se repite lo fusilo con palabras.
Así que tranquilidad. Que si la cosa va de saber, sabe más el diablo por hombre que por sabio.
Y si no, qué más da. Siempre nos quedará el verbo amar.
Qué las ciencias no tienen ni puta idea, qué la única evolución que importa es la que explica como armas tu sonrisa, qué el brillo de mis ojos no tiene nada que ver con los genes recesivos y que la gravedad que me ata los pies al suelo no arde en un núcleo de magma sino en un corazón que late entre toallas mojadas.
Qué la historia me la suda, que para revolución lo que estremece mi alma y me obliga a levantar, que mi pasado son heridas y pelos en la almohada y que si el futuro se repite lo fusilo con palabras.
Así que tranquilidad. Que si la cosa va de saber, sabe más el diablo por hombre que por sabio.
Y si no, qué más da. Siempre nos quedará el verbo amar.