Poetacandente
Poeta asiduo al portal
Cuando, acampando, la carpa se nos vuele
quedaremos a la intemperie, ¡y sólo eso!;
no habrá un ojo que en la vigilia vele,
y si congela el deseo del candente beso:
ningún nervio congelará la boca
hasta que la boca ya congele el nervio
(de rendijas engarzadas con la roca)
de besarme, en su jaula de soberbio,
Si con mi mirada a tu mirada enhebro,
y hacia mi la enlazo, en brusco movimiento,
ya no habrá un pensar para el cerebro,
y no habrá cerebro para el pensamiento;
nos estremecerá el deseo, ¡y sólo eso!;
ningún beso nos hará temblar la boca
a menos que la boca haga temblar el beso.
¡Maldito, el que a la mala suerte evoca,
que no pedí un insulto a cambio de eso!
quedaremos a la intemperie, ¡y sólo eso!;
no habrá un ojo que en la vigilia vele,
y si congela el deseo del candente beso:
ningún nervio congelará la boca
hasta que la boca ya congele el nervio
(de rendijas engarzadas con la roca)
de besarme, en su jaula de soberbio,
Si con mi mirada a tu mirada enhebro,
y hacia mi la enlazo, en brusco movimiento,
ya no habrá un pensar para el cerebro,
y no habrá cerebro para el pensamiento;
nos estremecerá el deseo, ¡y sólo eso!;
ningún beso nos hará temblar la boca
a menos que la boca haga temblar el beso.
¡Maldito, el que a la mala suerte evoca,
que no pedí un insulto a cambio de eso!