En las mañanas
cuando despierto
no encuentro otro sol
que tu claro mirar.
En las noches vacías
cuando cierro los ojos
es cuando de veras
aprecio tu luz.
Cuando atravieso
mis lúgubres tardes
me alegro escuchando
tu dulce voz.
Los días que vivo,
los días que existo,
son el gran instante
de dicha por ti.
Para mis pesares
pintas tu sonrisa;
para mi alma triste,
tu alma feliz.
Será por eso,
amor de mi alma,
que en mi camino
el norte eres tú.
Aún así, sólo yo sé,
cuánto te adoro;
y, sólo tú sabes
quien es tu amor.