Sigo mirando el cielo
recordando la primera vez que te besé.
El mundo se volvió silencio,
y no había nada más hermoso
que perderme en tus ojos,
como quien cae en un abismo sin fin,
pero lleno de luz.
Fuiste mi primer amor…
y, sin duda, también el último.
Te escribo poemas
que jamás leerás,
como cartas que lanzo al viento
esperando que, de algún modo,
te rocen el alma.
Te amé como no se ama dos veces,
como se ama una sola vez en la vida,
y aún te extraño
cuando el cielo se rompe en lluvia,
cuando todo se enfría
y sólo tú podrías abrigarme con tu voz.
La tierra se detenía
cuando estabas a mi lado,
como si todo supiera
que tú eras mi universo.
Tus ojos marrones,
dos soles en mis noches,
eran lo único que quería ver al despertar.
No había nadie más,
ni podía haberlo.
Porque tú,
solo tú,
lo eras todo para mí.
-Dior
recordando la primera vez que te besé.
El mundo se volvió silencio,
y no había nada más hermoso
que perderme en tus ojos,
como quien cae en un abismo sin fin,
pero lleno de luz.
Fuiste mi primer amor…
y, sin duda, también el último.
Te escribo poemas
que jamás leerás,
como cartas que lanzo al viento
esperando que, de algún modo,
te rocen el alma.
Te amé como no se ama dos veces,
como se ama una sola vez en la vida,
y aún te extraño
cuando el cielo se rompe en lluvia,
cuando todo se enfría
y sólo tú podrías abrigarme con tu voz.
La tierra se detenía
cuando estabas a mi lado,
como si todo supiera
que tú eras mi universo.
Tus ojos marrones,
dos soles en mis noches,
eran lo único que quería ver al despertar.
No había nadie más,
ni podía haberlo.
Porque tú,
solo tú,
lo eras todo para mí.
-Dior