Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
De las migajas y ostias de los míseros potentes,
servidas en bandejas relucientes,
se alimentan los impedidos, esclavos inocentes,
con plato de mano para sus dientes.
Si hay fiesta bacanal para el rey,
hay jubilo forzado y pan de circo romano para la plebe.
El vestido de Lucifer al ocaso se deshilacha y
danzan las hebras el baile de Cenicienta.
El dolor del poderoso es un pesar profundo,
el clamor de servidumbre es leve,
aun con heridas que ríen, como calaveras de espanto
La muerte de la corona se llora en pomposidad
La del siervo se descuenta del menú de cantidad.
El labrador danza, el baile eterno
de los descalzos entre las espinas, sin pena ni tormento.
El mendigo lustra el suelo con lengua de hambre,
sin orgullo ni vanidad, barre del suelo cenizas de osamenta.
Cuando una dama sin corazón,
me relato esta historia macabra,
fue una hora solitaria,
un arma apuntando a mi razón.
Una herida confusa de tiempo pleno
espeso mi sangre con raíz de frío,
se abrió un hueco en la mirada al cielo lleno
que desgarro árboles y hojas, y
la humanidad se me desangro por la nariz
¡ Una diminuta gota de lagrima, se hizo olas entre las olas ¡
Temblando aun, intento. Un pedido urgente a las estrellas.
¡ Que el servilismo sea abolido al momento ¡
servidas en bandejas relucientes,
se alimentan los impedidos, esclavos inocentes,
con plato de mano para sus dientes.
Si hay fiesta bacanal para el rey,
hay jubilo forzado y pan de circo romano para la plebe.
El vestido de Lucifer al ocaso se deshilacha y
danzan las hebras el baile de Cenicienta.
El dolor del poderoso es un pesar profundo,
el clamor de servidumbre es leve,
aun con heridas que ríen, como calaveras de espanto
La muerte de la corona se llora en pomposidad
La del siervo se descuenta del menú de cantidad.
El labrador danza, el baile eterno
de los descalzos entre las espinas, sin pena ni tormento.
El mendigo lustra el suelo con lengua de hambre,
sin orgullo ni vanidad, barre del suelo cenizas de osamenta.
Cuando una dama sin corazón,
me relato esta historia macabra,
fue una hora solitaria,
un arma apuntando a mi razón.
Una herida confusa de tiempo pleno
espeso mi sangre con raíz de frío,
se abrió un hueco en la mirada al cielo lleno
que desgarro árboles y hojas, y
la humanidad se me desangro por la nariz
¡ Una diminuta gota de lagrima, se hizo olas entre las olas ¡
Temblando aun, intento. Un pedido urgente a las estrellas.
¡ Que el servilismo sea abolido al momento ¡