Sólo unas gotas tropezaron
en el adormilado camposanto,
y las postradas almas
se regocijaron
en un triste invierno
lleno de quietud,
sin nubes tormentosas,
sin llantos, sin penas, sin voces
y sin ningún quebranto.
Murmullos, risas y juegos
debajo de la tierra,
éteres que deambulan,
que se regocijan en el arrullo
de las corrientes
de aguas internas,
luego, silencio, paz,
después que las gotas
tropezaron en el camposanto.