Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
No seas tonto, no me extrañes
¡solo ven!
Aun te amo; e igual que antes, me derrito ante tu piel.
No me llores, no estoy muerta, sólo tuve que partir
tu costumbre degradó en desgano,
y mi pasión no lo pudo resistir.
Dejaste que me quemara en otro cirio,
dejaste que me cansara buscando,
lo que juntos podíamos tener;
dejaste que mi sed se acrecentara danzando;
pero no te afanes, ya no hay culpas,
ya no hay, ni una gota de aquella hiel
Hube de llorar demasiado.
Hube de destrozar mi corazón, por serte fiel...
y el sinvergüenza desdichado
juntó las piezas, y volvió a renacer
y al mirarte ayer en el mercado,
sentí que latía en un tropel,
y en tus ojos pude ver
que no has amado,
como a mí,
a ninguna otra mujer
No seas tonto, no me pienses ¡sólo ven!
que yo también te quiero tener
Aun te amo; e igual que antes, me derrito ante tu piel.
No me llores, no estoy muerta, sólo tuve que partir
tu costumbre degradó en desgano,
y mi pasión no lo pudo resistir.
Dejaste que me quemara en otro cirio,
dejaste que me cansara buscando,
lo que juntos podíamos tener;
dejaste que mi sed se acrecentara danzando;
pero no te afanes, ya no hay culpas,
ya no hay, ni una gota de aquella hiel
Hube de llorar demasiado.
Hube de destrozar mi corazón, por serte fiel...
y el sinvergüenza desdichado
juntó las piezas, y volvió a renacer
y al mirarte ayer en el mercado,
sentí que latía en un tropel,
y en tus ojos pude ver
que no has amado,
como a mí,
a ninguna otra mujer
No seas tonto, no me pienses ¡sólo ven!
que yo también te quiero tener
::::