Alan Rosas
Poeta recién llegado
Nos callamos tantas cosas
sobre el sillón.
Cuando las puertas se cierran
delante de nosotros,
y el silencio y la intimidad
son nuestros aliados,
no dejo pasar esa casualidad.
No decimos más
ante aquella suerte.
Nos abstenemos de decir nada,
ni una sola palabra,
para demorar ese momento.
En el silencio de la sala,
solos en el sillón,
es suficiente tiempo
para hacer de nuestros deseos,
besos desenfrenados
y caricias lujuriosas,
un arrebato erótico.
Beso tu rostro
como si lo acariciara con mis manos,
hasta llegar a tu labios y morderlos.
Como si se tratara
de morder el fruto prohibido
con la misma ambición,
por amor.
Solos en el sillón
es libertad para mi pasión por ti.
Tenerte en esa intimidad
es tener en mis manos ese culo,
y hacer de el lo que me plazca.
Soy todo tuyo en la intimidad
así como lo son tus pechos
empapados porque los he lamido
desde el pezón hasta su confín.
Sudas y gimes sensualidad,
mientras con mis dedos
provoco tus ansias de no parar,
y los humedeces con tu vagina dilatada.
Pero tú no te contienes,
con tu mano empuñas mi pene.
En ese instante tan culminante
te imploro que no te detengas,
y me lleves al éxtasis.
Agarrado de tu culo,
de tus senos o de tu vagina,
el viento abre una de las puertas
y con ello esto termina...
sobre el sillón.
Cuando las puertas se cierran
delante de nosotros,
y el silencio y la intimidad
son nuestros aliados,
no dejo pasar esa casualidad.
No decimos más
ante aquella suerte.
Nos abstenemos de decir nada,
ni una sola palabra,
para demorar ese momento.
En el silencio de la sala,
solos en el sillón,
es suficiente tiempo
para hacer de nuestros deseos,
besos desenfrenados
y caricias lujuriosas,
un arrebato erótico.
Beso tu rostro
como si lo acariciara con mis manos,
hasta llegar a tu labios y morderlos.
Como si se tratara
de morder el fruto prohibido
con la misma ambición,
por amor.
Solos en el sillón
es libertad para mi pasión por ti.
Tenerte en esa intimidad
es tener en mis manos ese culo,
y hacer de el lo que me plazca.
Soy todo tuyo en la intimidad
así como lo son tus pechos
empapados porque los he lamido
desde el pezón hasta su confín.
Sudas y gimes sensualidad,
mientras con mis dedos
provoco tus ansias de no parar,
y los humedeces con tu vagina dilatada.
Pero tú no te contienes,
con tu mano empuñas mi pene.
En ese instante tan culminante
te imploro que no te detengas,
y me lleves al éxtasis.
Agarrado de tu culo,
de tus senos o de tu vagina,
el viento abre una de las puertas
y con ello esto termina...
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