En el camino como en el desvío,
cual barco errante en el reflujo,
caídos los brazos, los ojos sin filo,
he dormido, he soñado, he despertado,
siempre contigo, siempre contigo.
En el pabellón de los arrepentidos
cuando el desierto crece redivivo
y vuelan las distancias tan intrínsecas
que el corazón se torna remolino,
he corrido, he parado, he caído,
siempre a tu lado, siempre contigo...
Y si, tanto en la muerte como en la vida,
no hay mejor mano que la que se da
uno a sí mismo para liberarse,
tanto en la vida como en la muerte
no hay mejor postura que la que se brinda
al otro para soltarlo en su libertad.
Porque el amor es aquello que da su paz
solo cuando, sin cautiverios,
le otorgamos su dorada eternidad.
cual barco errante en el reflujo,
caídos los brazos, los ojos sin filo,
he dormido, he soñado, he despertado,
siempre contigo, siempre contigo.
En el pabellón de los arrepentidos
cuando el desierto crece redivivo
y vuelan las distancias tan intrínsecas
que el corazón se torna remolino,
he corrido, he parado, he caído,
siempre a tu lado, siempre contigo...
Y si, tanto en la muerte como en la vida,
no hay mejor mano que la que se da
uno a sí mismo para liberarse,
tanto en la vida como en la muerte
no hay mejor postura que la que se brinda
al otro para soltarlo en su libertad.
Porque el amor es aquello que da su paz
solo cuando, sin cautiverios,
le otorgamos su dorada eternidad.
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