SOMBRA VIOLÁCEA.
Sin saberlo, ignorándome,
me veo ahora junto a mi sombra violácea
compañera de jadeos, tú, no mi sombra
vigilante de mis noches aburridas cuando claras.
Buscador irreverente de inocencias
cruzo a menudo los ríos que arrastran banderas
campiñas doradas esmaltadas de amapolas
llanuras de perdición
horizontes baldíos
al fondo montañas de
Son los paisajes nocturnos que me acogen
descosiendo mi sombra de sus reflejos polícromos.
Avanzan corceles sedientos
perdidas sus amazonas por el camino escabroso
yo las recojo ordenadamente
enderezando los pechos sangrantes
peinando con mis pestañas sus cabelleras de fuego
las extiendo dulcemente sobre las rocas ardientes
y bebo con placer sus últimos suspiros.
Amazonas sin montura
guerreras de lecho abierto
heroínas que alfombran con sus cuerpos yertos
las llanuras enmarcadas por horizontes baldíos.
Prolongada mi imagen en los espejos fructíferos
me contemplo
sólo veo un hombre caduco
colmatadas sus cavidades
por las penosas huídas.
Me contemplo un hombre solo
descabalgado como una amazona herida
y que canta todavía a la cadera gozosa de la hembra.
En las crestas cantarinas de los gallos de la aurora
me refugio en mis desvelos
y entonces tú me acompañas
sombra violácea de mis noches.
Alguna diosa clemente me prodiga sus encantos
canciones antiguas y licor de ámbar
sobre su vientre ocelado.
Mas me reclama el camino
he de proseguir mi andar de romero o guerrero derrotado.
Llanuras vertiginosas
caminos hacia la nada
es mi destino de hombre.
Al fondo montañas de fecundidad dudosa
Y el río junto a mi
arrastrando banderas de derrota.
Cóncavas catedrales como manos oferentes
envolvedme en vuestro aroma de cera y pergaminos viejos.
Yo seré vuestra campana rota.
Ilust.: Cándido Portinari. “El espantapájaros”. 1959Sin saberlo, ignorándome,
me veo ahora junto a mi sombra violácea
compañera de jadeos, tú, no mi sombra
vigilante de mis noches aburridas cuando claras.
Buscador irreverente de inocencias
cruzo a menudo los ríos que arrastran banderas
campiñas doradas esmaltadas de amapolas
llanuras de perdición
horizontes baldíos
al fondo montañas de
fecundidad
dudosa.Son los paisajes nocturnos que me acogen
descosiendo mi sombra de sus reflejos polícromos.
Avanzan corceles sedientos
perdidas sus amazonas por el camino escabroso
yo las recojo ordenadamente
enderezando los pechos sangrantes
peinando con mis pestañas sus cabelleras de fuego
las extiendo dulcemente sobre las rocas ardientes
y bebo con placer sus últimos suspiros.
Amazonas sin montura
guerreras de lecho abierto
heroínas que alfombran con sus cuerpos yertos
las llanuras enmarcadas por horizontes baldíos.
Prolongada mi imagen en los espejos fructíferos
me contemplo
sólo veo un hombre caduco
colmatadas sus cavidades
por las penosas huídas.
Me contemplo un hombre solo
descabalgado como una amazona herida
y que canta todavía a la cadera gozosa de la hembra.
En las crestas cantarinas de los gallos de la aurora
me refugio en mis desvelos
y entonces tú me acompañas
sombra violácea de mis noches.
Alguna diosa clemente me prodiga sus encantos
canciones antiguas y licor de ámbar
sobre su vientre ocelado.
Mas me reclama el camino
he de proseguir mi andar de romero o guerrero derrotado.
Llanuras vertiginosas
caminos hacia la nada
es mi destino de hombre.
Al fondo montañas de fecundidad dudosa
Y el río junto a mi
arrastrando banderas de derrota.
Cóncavas catedrales como manos oferentes
envolvedme en vuestro aroma de cera y pergaminos viejos.
Yo seré vuestra campana rota.