Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hay tardes en las que te extraño tanto
que el ocaso se dilata con toda la saña
de que es posible, tardes en las que la luz
de mi mirada recuerda las tenues olas de
las playas de tu piel canela con sus valles
y cada una de las vértebras que adornan
como tropezones de pastel de fiesta el
horizonte que inicia y termina en tu espalda.
Tardes en las que hasta el baile de las sombras
se diluye entre las letras de los pensamientos
que te debo, entre las dudas de que fueran ciertas
tus acciones debajo de mis dedos y, los abrazos
y los besos y el adiós interminable a pasitos lentos,
sin palabras, sin diluvios, sin ungüentos ni argumentos.
Hay atardeceres en las que me extraño a tu lado
guareciéndome debajo de tu nombre de unas
cuantas letras murmurado por mis labios todo el
tiempo como oración y credo y entonces también
me vuelvo una sombra a la que la luz se le diluye y, no,
la eterna agonía de esperar la muerte breve que me
llega al caer la noche...
Due 06 agosto 2015 en una tarde larga como la esperanza, como las ganas de escuchar de nuevo cuánto le gustaba que le consintiese mientras le acariciaba…
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