Oscuridad impera en mi garganta,
Ya mi voz se ahoga en el abismo;
Cual antros infinitos
Los ojos se desploman al vacío.
Murmullo promiscuo,
La indiferencia me penetra los oídos;
Sentido surrealista
De existir en pesadillas.
Es este sabor amargo,
Inocuo,
Que persiste más allá,
Tras los descuidos del tiempo,
Quien me atormenta
En olvidados sueños.
La putrefacción del viento,
Que impasible aliento
Regurgita con jadeos moribundos
En su vuelo somnoliento,
Sobre estos taciturnos suelos,
Que devoran huellas
De pisadas extrañas,
Nocturnos ensueños,
Que derrochan
Lágrimas ensangrentadas.
Y aquellos pedestres caminos
Que no transito,
Solo en la utópica infamia
De anhelos vencidos.
Perdidos,
En la nebulosa del olvido,
En otros astros
De un Eón fenecido.
Que el silencio de la vana muerte,
Acalle este sonoro grito
En los valles del suicidio,
Donde aguardo la declinación
De un cielo oscurecido.
Todo me condena
Al mustio entorno
De la sombra y de la estrella,
Donde el pasado su sal cosecha
De mis ojos atormentados.
Mis brazos arados
Cultivando olvido
Entre delirios insanos.
y al quebrarse el alba
Me corrompe el día,
Despertar entre neuróticas sombras
Y ser apuñalado por sus llamas,
Que se aguzan
Desangrando mis parpados
Intermitentes en la nada.
Onírica intemperie,
Devastación de los delirios,
Solo el fin escrito
Con el floreciente brillo
Que derramo
De mis canales sanguíneos.