Hugo Augusto
Poeta recién llegado
Sombrío,
con la boca sabiéndole a corcholatas,
el hombre del fondo está de pie:
todo sombras el rostro mordido por una pantera.
Gesticula barrancos en los labios,
la cara de tigre se le volvió de perro;
aun así es un hombre y lo invito a mi mesa:
le hablo del aire, de la noche
y él entiende que hoy es hombre y ladra
y ruge y se atraganta con su saliva.
Se masca, de pronto, la lengua en un beso
consigo mismo, al punto que se traga la boca
y la voz, entonces me levanto de la mesa
y me voy a otra mesa, pero el hombre me alcanza
y me dice: me comió la flor, al oído.
Máscala. Máscala por dentro, le habría contestado,
si le hubiera visto un diente en la boca.
con la boca sabiéndole a corcholatas,
el hombre del fondo está de pie:
todo sombras el rostro mordido por una pantera.
Gesticula barrancos en los labios,
la cara de tigre se le volvió de perro;
aun así es un hombre y lo invito a mi mesa:
le hablo del aire, de la noche
y él entiende que hoy es hombre y ladra
y ruge y se atraganta con su saliva.
Se masca, de pronto, la lengua en un beso
consigo mismo, al punto que se traga la boca
y la voz, entonces me levanto de la mesa
y me voy a otra mesa, pero el hombre me alcanza
y me dice: me comió la flor, al oído.
Máscala. Máscala por dentro, le habría contestado,
si le hubiera visto un diente en la boca.