SOMNOLENCIA CANICULAR
(Oniropaisaje extremeño)
La sombra de la encina cae
en undosos pliegues sobre la roca dormida
La roca es un vigoroso caballo
sobre el que se yergue majestuosa la encina
como figura heroica del gonfaloniero.
Los líquenes petrificados son las melenas hirsutas
que la roca ofrece al hambre secular del caballo.
Una nube voluptuosa yace en cárdena armonía
sobre la lejanía horizontal del mar circuncidado.
Venus emerge de su vieira nacarina
y de sus rubios cabellos nacen melodías olvidadas
Abruptos acantilados recogen los trozos desmembrados
de las olas espumosas.
Una gaviota voraz persigue al lozano marinero irlandés
aventurero en estos mares
en estas amplias praderas
en estas tierras extrañas.
Ulises desde Ítaca agita convulso la honda
con la que cegó a Polifemo.
Pero nunca llegó a utilizarla.
Es la hora de la siesta y miríadas de grillos
entonan su salmo acutángulo
sobre el que dormitan los pastores enamorados.
Las ruinas de los futuros monasterios se alzan
premonitorias
de la lascivia de los monjes nonatos.
El vencejo siempre el vencejo agría la tarde
con su estridente asonancia
anunciando el fin de la siesta
concentrando la calima en nobles ánforas
que esparcerán aromas faranduleros
en las nocturnas orgías.
El autillo disimula su vulgar anatomía
disfrazándose de gárgola.
La gentil utillería de los cómicos de la legua
permite reconstruir aquellos tiempos pasados
que fueron sin duda alguna
mejores que los de hoy día.
Pero… la tiorba anuncia que la cena está servida
y las gozosas doncellas se aprestan para ser gozadas.
(Oniropaisaje extremeño)
La sombra de la encina cae
en undosos pliegues sobre la roca dormida
La roca es un vigoroso caballo
sobre el que se yergue majestuosa la encina
como figura heroica del gonfaloniero.
Los líquenes petrificados son las melenas hirsutas
que la roca ofrece al hambre secular del caballo.
Una nube voluptuosa yace en cárdena armonía
sobre la lejanía horizontal del mar circuncidado.
Venus emerge de su vieira nacarina
y de sus rubios cabellos nacen melodías olvidadas
Abruptos acantilados recogen los trozos desmembrados
de las olas espumosas.
Una gaviota voraz persigue al lozano marinero irlandés
aventurero en estos mares
en estas amplias praderas
en estas tierras extrañas.
Ulises desde Ítaca agita convulso la honda
con la que cegó a Polifemo.
Pero nunca llegó a utilizarla.
Es la hora de la siesta y miríadas de grillos
entonan su salmo acutángulo
sobre el que dormitan los pastores enamorados.
Las ruinas de los futuros monasterios se alzan
premonitorias
de la lascivia de los monjes nonatos.
El vencejo siempre el vencejo agría la tarde
con su estridente asonancia
anunciando el fin de la siesta
concentrando la calima en nobles ánforas
que esparcerán aromas faranduleros
en las nocturnas orgías.
El autillo disimula su vulgar anatomía
disfrazándose de gárgola.
La gentil utillería de los cómicos de la legua
permite reconstruir aquellos tiempos pasados
que fueron sin duda alguna
mejores que los de hoy día.
Pero… la tiorba anuncia que la cena está servida
y las gozosas doncellas se aprestan para ser gozadas.