Por: Juan H. Ortiz Rivera
16 de octubre de 2008
Como un buque, grandioso navío,
encalló en mi alma rompiendo el hielo.
Me llevó huracanado al desvelo,
dejándome cual planeta sombrío.
Donde no existen praderas ni ríos,
porque insaciable me ha consumado.
Y el amor, mi talento quebrantado,
se robó y lo condujo al umbrío.
El pirata desembarcó en mi vida
e hizo de la tierra gran tesoro
a la fuerza de su espada fornida.
Volvío mi espalda, rebuscando el oro,
y enterró en la tiniebla enardecida
el puñal de fuego en gimiente coro.
16 de octubre de 2008
Como un buque, grandioso navío,
encalló en mi alma rompiendo el hielo.
Me llevó huracanado al desvelo,
dejándome cual planeta sombrío.
Donde no existen praderas ni ríos,
porque insaciable me ha consumado.
Y el amor, mi talento quebrantado,
se robó y lo condujo al umbrío.
El pirata desembarcó en mi vida
e hizo de la tierra gran tesoro
a la fuerza de su espada fornida.
Volvío mi espalda, rebuscando el oro,
y enterró en la tiniebla enardecida
el puñal de fuego en gimiente coro.