Soneto del marino y la sirena

Miguel Mercurio

Poeta recién llegado
Surcaba un marino la brava mar
bajo la inmensa y naranja alborada
en busca de una tranquila ensenada
donde su nave pudiese atracar.

Afortunado la consiguió hallar
y en la playa la figura dorada
de una hermosa sirena allí varada
surgió ante sus ojos al arribar.

¿Habrase contemplado alguna vez,
desde las claras aguas tropicales
al angosto y largo Canal de Suez,
similar criatura viva de tales
cabellos rubios y rosada tez
digna de paraísos virginales?

Asombrado quedó el rudo marino
preguntándole al cálido levante
si era verdad aquel mágico instante,
si era quizás un presagio divino.

"No vuelvas sirena por tu camino
y sígueme en mi aventura constante",
- le imploró el marino con voz vibrante-
¡fúndete ya conmigo en mi destino!

"Naveguemos mecidos por las olas
hacia vastos océanos ignotos
esquivando las mareas violentas,
y oyendo música de caracolas
crucemos los horizontes remotos
libres de las traicioneras tormentas".

La sirena absorta en su pensamiento
impasible ante el discurso encendido
del marino a sus encantos rendido
continuó en la arena sin movimiento.

"No avances marino en tu sentimiento",
- le respondió con un verso perdido-
"pues otros como tú se han atrevido
mas quiero aquí ser la musa del viento".

"En la mar con su infinita belleza
soy sólo un fugaz destello dichoso
dado por la madre naturaleza,
y en tierra seré recuerdo precioso,
feroz combatiente de la tristeza
en tu viaje, marino valeroso".
 
Surcaba un marino la brava mar
bajo la inmensa y naranja alborada
en busca de una tranquila ensenada
donde su nave pudiese atracar.

Afortunado la consiguió hallar
y en la playa la figura dorada
de una hermosa sirena allí varada
surgió ante sus ojos al arribar.

¿Habrase contemplado alguna vez,
desde las claras aguas tropicales
al angosto y largo Canal de Suez,
similar criatura viva de tales
cabellos rubios y rosada tez
digna de paraísos virginales?

Asombrado quedó el rudo marino
preguntándole al cálido levante
si era verdad aquel mágico instante,
si era quizás un presagio divino.

"No vuelvas sirena por tu camino
y sígueme en mi aventura constante",
- le imploró el marino con voz vibrante-
¡fúndete ya conmigo en mi destino!

"Naveguemos mecidos por las olas
hacia vastos océanos ignotos
esquivando las mareas violentas,
y oyendo música de caracolas
crucemos los horizontes remotos
libres de las traicioneras tormentas".

La sirena absorta en su pensamiento
impasible ante el discurso encendido
del marino a sus encantos rendido
continuó en la arena sin movimiento.

"No avances marino en tu sentimiento",
- le respondió con un verso perdido-
"pues otros como tú se han atrevido
mas quiero aquí ser la musa del viento".

"En la mar con su infinita belleza
soy sólo un fugaz destello dichoso
dado por la madre naturaleza,
y en tierra seré recuerdo precioso,
feroz combatiente de la tristeza
en tu viaje, marino valeroso".
UN CONTAGIANTE poema con salbor a mar y el encanto del romance marino.....grato leer tu obbra MIGUEL MERCURIO,saludos cordiales
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba