Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy la gente en mi barrio está distinta,
herida en su sentir de pertenencia,
pues la Agencia Central de Inteligencia
con sombrío dictamen nos precinta.
Regresa Evangelista con su finta
a pelear, sin pedir ni dar clemencia
y de Obdulio se siente la presencia,
conductor de una lógica distinta,
que atrincherado está en Villa Española,
un arrabal de proletario halo
y candombe a la luz de una farola.
Vale más ser cardumen que un escualo
que arrebata, saquea, mata y viola.
¡Tranquilos! Los de afuera son de palo...
Hace algunos días, el Departamento de Estado de Estados Unidos elevó al nivel 2 la recomendación para sus ciudadanos que deseen viajar a Uruguay, lo que implica “ejercer mayor precaución debido a la criminalidad”.
Entre la lista de recomendaciones, figura los barrios que, según los estadounidenses, sería mejor evitar. Entre ellos está Villa Española.
Alfredo Evangelista, uno de los grandes pesos pesados del siglo XX, es recordado especialmente por aquel épico combate frente a Muhammad Alí. Evangelista se inició boxísticamente en el Club de box Villa Española, situado en el barrio del mismo nombre en la ciudad de Montevideo.
Obdulio Jacinto Muiños Varela fue el más carismático futbolista representativo de un Uruguay ganador, valiente y guapo. Nació el 20 de setiembre de 1917 en La Teja. Diez hermanos, escuela sin terminar, peón de albañil, canillita, boxeador aficionado y jugador de fútbol en el Fortaleza, Dublín y Pascual Somma.
También Capitán de Uruguay cuya titularidad en el centro del campo ocupó durante 12 años, se convirtió en el mito y leyenda a partir del 16 de julio de 1950 cuando los celestes comandados por su temperamento y picardía, alcanzaron la más grande hazaña del fútbol del mundo al vencer a Brasil en el último partido en Maracaná.
La crónica cuenta que fue el capitán del equipo uruguayo, Obdulio Varela, “quien ayudó a la suerte con una arenga de siete palabras”. Varela recordó a sus hombres que ni los augurios derrotistas ni doscientos mil brasileños voceando como locos podrían influir en el resultado. Concluyó con esta frase que pertenece hoy a la mitología del deporte: “Muchachos, los de afuera son de palo”.
Habiéndose retirado del deporte vivió el resto de su vida en el Barrio Villa Española de Montevideo.