Scherazade
Poeta recién llegado
Del viento mi árbol no requiere
pero si de abono, de agua y de greda
y que su raíz hincada se aferre
horadando profundo en la tierra.
Que mi árbol del viento no precise
tan sólo del sol radiante en el cielo
y que sus ramas se yergan desde el suelo
para que en la distancia se divise.
A mi árbol lo resecó el viento,
tan intangible, vacilante y etéreo.
Más él incólume, rebrota fuerte.
Inquebrantable se afirma sin miedo,
se alista en la batalla contra Eolo,
mientras espera las lluvias, paciente.
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