Naturalmente que es a todos los ejemplos a los que me refiero, lo que pasa es que mi frase está mal construida, pues realmente tenía que haber dicho "esas cosas, en mi opinión, están mal hechas..." etc, porque vuelvo a decir, a fuer de ser redundante (que ya sabes que lo soy), que a mi esas cosas me chirrían las haga un poeta tan extraordinario como Góngora, o las haga mi santo patrón Jorge Luis Borges (que también las hace), porque mi grado de mitificación de ambos no es tanto como para anular mi oído.
Bueno, creo que esta es una cuestión más interesante para ilustrar con buenos ejemplos de repertorio que para teorizar en abstracto (lo cual, para mí, también es interesante).
La cuestión es la dureza que muestran las uniones en un solo golpe de voz de dos vocales tónicas iguales ("ya alma", "fue, es") o distintas ("po-día").
Vamos a ver que se trata de un hecho habitual que encontramos en los más variados estilos y épocas.
- Romancero viejo
- Que no quiero haber marido / porque hijos no haya, no (romance de Fontefrida: sinalefa entre vocales tónicas distintas)
- Todas las gentes dormían / en las que Dios había parte (inicio del romance de la linda Melisenda: hiato primero en ía, y después sinéresis nuevamente en ía)
- Allí habló un viejo alfaquí (romance de la conquista de Alhama que comienza "Paseábase el rey moro": sinalefa entre vocales tónicas distintas)
- Garcilaso de la Vega
- Hermosas ninfas que en el río metidas (Soneto XI: sinéresis)
- No hay corazón que baste (Égloga I, v. 133: sinalefa entre tónicas distintas)
- Ves aquí un prado lleno de verdura (Égloga I, v. 216: sinalefa entre tónicas cerradas distintas)
- En Flandes había sido, y el osado (Égloga II, v.1539: sinéresis)
- Del caso, la grandeza trae consigo (Égloga II, v. 1580: sinéresis)
- En esto el claro viejo río se vía (Égloga II, v. 1590: sinéresis y a continuación hiato)
- Y parecía que el ocio sin provecho (Égloga II, v. 1596: sinéresis)
- Que había de ser guïada por la mano (Égloga II, v. 1606: sinéresis seguida de hiato con las mismas vocales)
- San Juan de la Cruz: Pues ya no eres esquiva ("Oh, llama de amor viva": sinalefa entre tónicas distintas)
- Federico García Lorca:
- El niño busca su voz / la tenía el rey de los grillos (Canciones, "El niño mudo": sinéresis prolongada por sinalefa hacia vocal átona)
- La voz cautiva, a lo lejos, / se ponía un traje de grillo (Canciones, "El niño mudo": sinéresis prolongada por sinalefa hacia vocal tónica)
- Harían con tu corazón / collares y anillos blancos (Romancero gitano, "Romance de luna luna": sinéresis)
- ¿Qué es aquello que reluce / por los altos corredores? (Romancero gitano, "Muerto de amor": sinalefa entre vocales tónicas iguales)
- Miguel Hernández: ¿No cesará este rayo que me habita? (El rayo que no cesa: sinalefa entre vocales tónicas distintas)
Como podréis notar, es evidente que en los más variados estilos de poesía se usan con la mayor naturalidad grupos vocálicos de sonoridad realmente dura, como sinalefas entre vocales tónicas, sinéresis, sinéresis prolongadas por sinalefas... En particular destaco la sinéresis de la desinencia de pretérito imperfecto en -ía (tenía, podía, harían...).
Destaco también el hecho de la notable variabilidad en el tratamiento de estos grupos vocálicos: unas veces en sinéresis, otras en hiato, incluso en el mismo verso o en versos cercanos del mismo poema. A propósito de esta variabilidad, censurada, por cierto, por Jáuregui en su
Antídoto contra las
Soledades, comenta Fernando de Herrera a propósito del verso
de áspera corteza se cubrían del soneto XIII de Garcilaso ("A Dafne ya los brazos le crecían"):
No colidió Garci Lasso este verso, porque deshizo aquella sinalefa o compresión que los griegos llaman sinéresis, que es colisión o conunción con vocales casi enemigas una de otra, que no se puedan contraer juntamente para que el verso no sea hiulco, que dizen los latinos, o laxo por otro nombre, como:
Insulae Ionio in magno...
I con esta diéresis denota Garci Lasso, apartando aquellas vocales, l'aspereza de los miembros, i la repunancia de la transformación. I sin duda que estas divisiones hechas artificiosamente dan grande resplandor a la poesía i la retiran de la comunidad de los que sólo hazen versos. Usólas Virgilio en muchos lugares, y particularmente en el I:
Et vera incessu patuit dea, ille ubi matrem.
(F. de Herrera (ed. I. Pepe y J. M. Reyes), Anotaciones a la poesía de Garcilaso, Cátedra, Madrid 2001, pp. 367-368).
De este interesantísimo texto vale la pena notar dos cosas: primera, que ya en el Renacimiento eran conscientes del valor expresivo de lo que hoy llamamos sinéresis, diéresis, hiatos..., es decir, las distintas opciones de reunión o separación de vocales contiguas; y, segunda, que dichos recursos son propios de la poesía verdaderamente artística frente a la mera versificación.
Ante estos ejemplos, que no son más que unos pocos de los muchísimos que podríamos extraer fácilmente del repertorio, yo no me atrevería a decir que "esas cosas están mal": son hechos habituales de una tradición poética de siglos que abarca desde el gongorismo (
cuando el que ministrar podía la copa) hasta la lírica popular (mi abuela cantaba el Romance de Delgadina, que comienza diciendo
Rey moro tenía tres hijas / y las tres como la plata).
Asunto distinto es cómo juzguemos, en cada caso particular, el empleo de tales recursos: si nos parecen o no oportunos o justificados, si constituyen un recurso expresivo sabiamente empleado o simplemente ajustan el cómputo de sílabas o el ritmo...
Saludos.