Maloy
Poeta recién llegado
XXX
A UNA QUE NO SÉ SI HE DE VOLVER A VER
Pasaba arrolladora en su hermosura
y el paso le dejé;
ni aún a mirarla me volví, y no obstante
algo en mi oído murmuró: Esa es.
Gustavo Adolfo Bécquer
Era ella tan hermosa, tan coqueta,
con un toque de pícara altivez
y un aire de adorable calidez,
que supe al verla, era ella mi pebeta.
Preciosa, reía un tanto discreta,
posando con amable candidez
su cálido mirar de vez en vez,
en mí, como selénica saeta.
Pero esa ingrata Luna caprichosa,
que otrora sin amor yo desvirgué,
vengar quiso el despecho recelosa
con esa esfinge angélica que hallé,
por eso evanesció a la bella diosa
que yo, aún cautivado, no olvidé.
A UNA QUE NO SÉ SI HE DE VOLVER A VER
Pasaba arrolladora en su hermosura
y el paso le dejé;
ni aún a mirarla me volví, y no obstante
algo en mi oído murmuró: Esa es.
Gustavo Adolfo Bécquer
Era ella tan hermosa, tan coqueta,
con un toque de pícara altivez
y un aire de adorable calidez,
que supe al verla, era ella mi pebeta.
Preciosa, reía un tanto discreta,
posando con amable candidez
su cálido mirar de vez en vez,
en mí, como selénica saeta.
Pero esa ingrata Luna caprichosa,
que otrora sin amor yo desvirgué,
vengar quiso el despecho recelosa
con esa esfinge angélica que hallé,
por eso evanesció a la bella diosa
que yo, aún cautivado, no olvidé.
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