Tu sonrisa contagiosa es un mal incurable
que se apodera de los corazones afligidos
les cambia el viso de un negro oscuro a un
rojo pasión colmando el mar de estrellas.
Amor mío contare las horas detendré el péndulo
mis pensamientos sentado en la falda del amor,
te esperare con dalias rojas en la acera de la
inspiración que dan vuelta como trampolín en
este tiempo que se acorta en este beso evocado.
Amor mío siempre me posees en tu pecho
cual aliento encandilado soplando con fuerza
la puerta de tu corazón, quitando el cerrojo
dorado de tu alma para quedarme en el
albergue de tu dulzura, dormido en el cojín
de la confianza suspirando con el perfume
de tu piel destilando amor en tus poros,
retozando como un corcel recorriendo tu
cuerpo como sabanas blancas de ternura.