Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sonrisa a la distancia justa
con que lograr descubrir la fruta más dulce,
con el jugo preciso,
la combinación exacta
de pepitas que rueden por el camino de labios
como dados de la suerte.
Sobre el plumón del ave
que adivina los sueños que anidan en la cabeza
y desvía a su vez los mares sin sal, lejos de los peces
y desata cordones que desvirtúan los pasos,
dejándolos secar, olvidando sus huellas.
Sonrisa como el producto de la media noche
mitad nieve y carbón a partes iguales
en líquida llama que se traga pronto
e incentiva el fuego de todos los papeles
que van dentro de sobres, con mi nombre escrito.
En las posturas más inverosímiles,
dentro de los artefactos más estrafalarios,
a punto de estallar en su propia gula
la que tiene de ti, aunque falte el tiempo.
Sonrisa al cadáver del tesoro innecesario
y al pétalo del vertedero con afán perfumista
y embriagado.
En el paraguas que ve caer la lágrima
despacio y pone su mano
para impedir que hiele.
En el corazón de la serpiente
que muerde la esperanza
de futuros sin veneno.
Sonrisa a la distancia justa,
con el calor preciso
en toda su llama y con todos sus dientes,
a punto de atrapar la manzana que guarda,
su corazón de carne
dispuesto a entregarlo.
con que lograr descubrir la fruta más dulce,
con el jugo preciso,
la combinación exacta
de pepitas que rueden por el camino de labios
como dados de la suerte.
Sobre el plumón del ave
que adivina los sueños que anidan en la cabeza
y desvía a su vez los mares sin sal, lejos de los peces
y desata cordones que desvirtúan los pasos,
dejándolos secar, olvidando sus huellas.
Sonrisa como el producto de la media noche
mitad nieve y carbón a partes iguales
en líquida llama que se traga pronto
e incentiva el fuego de todos los papeles
que van dentro de sobres, con mi nombre escrito.
En las posturas más inverosímiles,
dentro de los artefactos más estrafalarios,
a punto de estallar en su propia gula
la que tiene de ti, aunque falte el tiempo.
Sonrisa al cadáver del tesoro innecesario
y al pétalo del vertedero con afán perfumista
y embriagado.
En el paraguas que ve caer la lágrima
despacio y pone su mano
para impedir que hiele.
En el corazón de la serpiente
que muerde la esperanza
de futuros sin veneno.
Sonrisa a la distancia justa,
con el calor preciso
en toda su llama y con todos sus dientes,
a punto de atrapar la manzana que guarda,
su corazón de carne
dispuesto a entregarlo.