Sospecha

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Acosado por mi monstruo interior,
rehén perdido soy del laberinto.

“¿Nada te importa que, fuera,
la humanidad vista de duelo?”


Mi corazón, eco sin fin hacia la soledad,
despliega un hilo que siempre va a ninguna parte.

“¿Cuánto tiempo hace que no lloras
con las lágrimas de otros?”


La puerta para pasar al otro lado
se abre con una llave al rojo vivo.
Allí se encuentra el alimento con sabor
a sed que nunca cesa,
porque de aquí nadie sale
y por la escalera se asciende
hasta el fondo de la misma condena.

“Has convertido los refugios
en las peores pesadillas.”


Anda el guardián demente que me acosa
-yo siempre a punto de abrir y de cerrar
y arrojarme hacia afuera en cada vaivén-,
haciendo realidad mis propios cuentos,
coronando a los desnudos,
convocando a ritmo de tambor fúnebre
a la santa compaña o distribuyendo filtros
que absorben las distancias
y alejan los cielos hacia el rojo.

“Y las noches, ¿por qué son amigas
de los abismos y las piedras sangrientas?”


Erigí a mi imagen y semejanza este lugar
con los ojos hinchados por la fiebre
del desarraigo, llenándolo de tatuajes
y grafitis como llagas por todos los rincones
para que hicieran juego con mis delirios.

“Sospecho que eres monstruo y laberinto.”
 
Acosado por mi monstruo interior,
rehén perdido soy del laberinto.

“¿Nada te importa que, fuera,
la humanidad vista de duelo?”


Mi corazón, eco sin fin hacia la soledad,
despliega un hilo que siempre va a ninguna parte.

“¿Cuánto tiempo hace que no lloras
con las lágrimas de otros?”


La puerta para pasar al otro lado
se abre con una llave al rojo vivo.
Allí se encuentra el alimento con sabor
a sed que nunca cesa,
porque de aquí nadie sale
y por la escalera se asciende
hasta el fondo de la misma condena.

“Has convertido los refugios
en las peores pesadillas.”


Anda el guardián demente que me acosa
-yo siempre a punto de abrir y de cerrar
y arrojarme hacia afuera en cada vaivén-,
haciendo realidad mis propios cuentos,
coronando a los desnudos,
convocando a ritmo de tambor fúnebre
a la santa compaña o distribuyendo filtros
que absorben las distancias
y alejan los cielos hacia el rojo.

“Y las noches, ¿por qué son amigas
de los abismos y las piedras sangrientas?”


Erigí a mi imagen y semejanza este lugar
con los ojos hinchados por la fiebre
del desarraigo, llenándolo de tatuajes
y grafitis como llagas por todos los rincones
para que hicieran juego con mis delirios.

“Sospecho que eres monstruo y laberinto.”

Cierto, monstruos y laberintos, pero todo el mundo (a lo mejor se salva alguno, pero yo no lo conozco). Por eso el mundo está como está: monstruoso y laberíntico. Yo no me salvo por denunciar, o versar injusticias, porque soy el que grita mientras unos cuantos apalean a otro. Grita, o versa, pero no hace nada más.

¿Solución? Votar al malo una y otra vez para que el mundo sea monstruoso y laberíntico eternamente.


Salud2, compañera.
 

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