Sospecho desde hace tiempo que soy un fantasma; en casa nadie me ve, mis nietos se me sientan encima cuando estoy en mi sofá y nunca logro coger el periódico en mis manos, todos lo tienen antes que yo. Hasta el perro, que antes me ladraba feliz mientras saltaba a mi alrededor moviendo el rabito, me ignora. Ni yo mismo sé en qué momento mi presencia comenzó a diluirse y mis palabras dejaron de escucharse.
Qué extraño por mucho que me esfuerzo no recuerdo haber muerto.
Qué extraño por mucho que me esfuerzo no recuerdo haber muerto.