Estrella Cabrera
Poeta adicto al portal
Ésta es la única foto que existe del evento de mi 1ª Comunión.Y no hay más fotos que yo sepa porque nada más salir de la iglesia y llegar a casa lo primero que hice fué quitarme el vestido y ponerme mis tejanos rojos con flecos para divertirme en la celebración de mi comunión que no fué el banquete típico familiar de restaurante sino una fiesta en el garaje de casa.
Aunque no se aprecian los granitos del sarampión, doy fé de que ahí estaban.
¿A que estaba muy graciosa?
Que no se ofenda nadie, porque no es mi intención ofender ni reírme de nadie creyente.Es tan sólo una manera de contar en clave de humor por qué me volví un poquito agnóstica depuéde haber estudiado en una escuela religiosa.
En una escuela religiosa
yo estudié
y esta historia curiosa
jamás conté.
Todos los viernes tocaba misa
y a mí me entraba la risa.
Cuando en alto entonaban las oraciones,
yo, a mi rollo, tarareaba canciones.
El cura siempre nos decía:
"Niñas, es pecado comulgar,
si no has ido antes a confesar".
La amenaza prometía
y un día quise probar,
no es que quisiera pecar,
sino ver qué sucedía.
Confesar era cosa sencilla:
"A ver, qué has hecho, chiquilla..."
Le contabas al cura
tu última travesura.
Y cada viernes
tenías el perdón
rezando tres veces
la misma oración.
Un día tomé la hostia consagrada
sin estar previamente confesada.
¿Y qué pasó?
¡No pasó nada!
¿Y qué hice? ¡Pues me reí!
En verdad, nunca creí
que el Infierno fuera para mí,
pues yo era una niña buena...
conmigo, el demonio
se iba a morir de pena.
Claro que, lo de ir al Cielo,
mucho no me convencía
porque tampoco tenía ni un pelo
de santita Virgen María.
Además tuve que hacer la Comunión
estando enferma con sarampión.
Y aunque el traje y el gorro
eran muy bonitos,
llamé enormemente la atención
pues quedaba raro con tantos granitos.
Total que lo de la religión
para mí fué un gran tostón.
Yo, todo lo escuchaba
como una esponja
pero no me creía nada
de ningún cura ni monja.
Y no sé si lo que me llevó
a tomar la decisión
de ser una atea eterna
fué un exceso de religión
o haber vivido mi educación
en aquella escuela interna.
* * *
Estrella C.Z. 2009
yo estudié
y esta historia curiosa
jamás conté.
Todos los viernes tocaba misa
y a mí me entraba la risa.
Cuando en alto entonaban las oraciones,
yo, a mi rollo, tarareaba canciones.
El cura siempre nos decía:
"Niñas, es pecado comulgar,
si no has ido antes a confesar".
La amenaza prometía
y un día quise probar,
no es que quisiera pecar,
sino ver qué sucedía.
Confesar era cosa sencilla:
"A ver, qué has hecho, chiquilla..."
Le contabas al cura
tu última travesura.
Y cada viernes
tenías el perdón
rezando tres veces
la misma oración.
Un día tomé la hostia consagrada
sin estar previamente confesada.
¿Y qué pasó?
¡No pasó nada!
¿Y qué hice? ¡Pues me reí!
En verdad, nunca creí
que el Infierno fuera para mí,
pues yo era una niña buena...
conmigo, el demonio
se iba a morir de pena.
Claro que, lo de ir al Cielo,
mucho no me convencía
porque tampoco tenía ni un pelo
de santita Virgen María.
Además tuve que hacer la Comunión
estando enferma con sarampión.
Y aunque el traje y el gorro
eran muy bonitos,
llamé enormemente la atención
pues quedaba raro con tantos granitos.
Total que lo de la religión
para mí fué un gran tostón.
Yo, todo lo escuchaba
como una esponja
pero no me creía nada
de ningún cura ni monja.
Y no sé si lo que me llevó
a tomar la decisión
de ser una atea eterna
fué un exceso de religión
o haber vivido mi educación
en aquella escuela interna.
* * *
Estrella C.Z. 2009
Última edición:
: Yo te absuelvo de tus faltas, poeta-pecadora que seguro tendrás, como todo hijo de vecino.Jeje,
::si tardas mucho lo haré yo!::