Te anhelo
como se anhela la alegría
en las horas tristes.
Mi pedazo de cielo desnudo,
turgente y lozano.
Soy culpable
y no lo niego,
buscando en tu silencio
palabras,
en tu soledad
secretos.
Soy culpable del tiempo
que no transcurre contigo,
infractor confeso
de mis manos vacías.