Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
http://www.youtube.com/watch?v=K5TOpGI0mII
I
Vengo para contar mi historia,
no es;
la historia escrita por los vencedores
pues debéis saberlo;
esta vez,
perdí como en la guerra,
perdí,
como en el juego con la vida
cuando el corazón deja de latir
mientras mis nervios arañaban mi caída
y un vacío de intempestiva noche
le tendía la mano a todos los finales.
Mis últimas fibras, amielínicas,
se preñan de dolor mudo,
casi inerte.
II
No traigo nada en los bolsillos,
alguna ajena deuda tal vez
un poquito de mierda,
una nada de nada,
que valga lo pagado.
III
Soy,
el que cantando,
estira las cuerdas de la guitarra
hasta partirlas;
tierras podridas y escombros
atraviesa mi canto,
mi verde voz.
IV
Cuando me defendía
con puños y dientes de la muerte,
una fuerza delirante de grandezas
lejanas como astros
me agarraba los brazos por la espalda,
tiñendo de azul…
rojos derramados.
V
Soy el que todos aman,
el que levanta siempre su brazo por la amistad,
vengo a contar mi historia…
Soy Okpal,
Tupacamarú beso mi nacimiento
en su grito de historia en mil pedazos.
De un golpe
levanté madera y tierra,
de un grito
apagué todas las noches
y le puse
a esa oscuridad infinita;
la sonrisa velada de la luna,
un manto de estrellas,
de ruedas de bueyes,
constelaciones…
VI
Soy Okpal,
salí de Buenos Aires,
cuando la peste andaba cerca
De aquellos tiernos años,
Quedó en mi mirada
la verde Pampa de amada madre
la colosal fiereza
del buenos aires de mi padre,
la memoria del Che
y algunos tangos.
VII
Soy Okpal,
señor de todas las alturas,
le hice un cielo perenne al amor,
a la locura
y puse al servicio de mis puños la justicia,
cierta bondad,
técnicas ancestrales de combate,
en mi pálido cuerpo
de amanecer luminoso.
Crecí también contra mi mismo
isla azotada por arcanos mares,
en el tiempo
en que una España adormecida
golpeada por el azul enano insatisfecho
había abierto sus puertas
irremediablemente hacia el futuro,
verde oliva y esperanza.
VIII
Soy Okpal
crecí en todas direcciones,
le opuse a la muerte un poema
y me nacieron alas en los pies;
mi figura atlética al aire liberada,
yo,
águila vespertina ,
he alcanzado en mi vuelo
la línea misma del horizonte…
después,
os digo,
no hay nada,
silencio se escucharía
si hubiera allí oídos despiertos,
ojos que escuchasen.
IX
Lloré todas las guerras,
Los vivos muertos,
las ausencias,
las hadas desvalidas,
los muertos muertos
la soledad,
los silencios,
las caídas;
lloré los desencuentros,
las partidas;
mi llanto fue el mar,
la pasión infinita de las olas,
la incansable hidrografía
del rostro ajado de una Tierra convulsa,
estremecida.
X
Soy Okpal,
mi patria ahora
es el corazón de la gente viva,
mi leve y extenuado temblor universal:
la poesía.
I
Vengo para contar mi historia,
no es;
la historia escrita por los vencedores
pues debéis saberlo;
esta vez,
perdí como en la guerra,
perdí,
como en el juego con la vida
cuando el corazón deja de latir
mientras mis nervios arañaban mi caída
y un vacío de intempestiva noche
le tendía la mano a todos los finales.
Mis últimas fibras, amielínicas,
se preñan de dolor mudo,
casi inerte.
II
No traigo nada en los bolsillos,
alguna ajena deuda tal vez
un poquito de mierda,
una nada de nada,
que valga lo pagado.
III
Soy,
el que cantando,
estira las cuerdas de la guitarra
hasta partirlas;
tierras podridas y escombros
atraviesa mi canto,
mi verde voz.
IV
Cuando me defendía
con puños y dientes de la muerte,
una fuerza delirante de grandezas
lejanas como astros
me agarraba los brazos por la espalda,
tiñendo de azul…
rojos derramados.
V
Soy el que todos aman,
el que levanta siempre su brazo por la amistad,
vengo a contar mi historia…
Soy Okpal,
Tupacamarú beso mi nacimiento
en su grito de historia en mil pedazos.
De un golpe
levanté madera y tierra,
de un grito
apagué todas las noches
y le puse
a esa oscuridad infinita;
la sonrisa velada de la luna,
un manto de estrellas,
de ruedas de bueyes,
constelaciones…
VI
Soy Okpal,
salí de Buenos Aires,
cuando la peste andaba cerca
De aquellos tiernos años,
Quedó en mi mirada
la verde Pampa de amada madre
la colosal fiereza
del buenos aires de mi padre,
la memoria del Che
y algunos tangos.
VII
Soy Okpal,
señor de todas las alturas,
le hice un cielo perenne al amor,
a la locura
y puse al servicio de mis puños la justicia,
cierta bondad,
técnicas ancestrales de combate,
en mi pálido cuerpo
de amanecer luminoso.
Crecí también contra mi mismo
isla azotada por arcanos mares,
en el tiempo
en que una España adormecida
golpeada por el azul enano insatisfecho
había abierto sus puertas
irremediablemente hacia el futuro,
verde oliva y esperanza.
VIII
Soy Okpal
crecí en todas direcciones,
le opuse a la muerte un poema
y me nacieron alas en los pies;
mi figura atlética al aire liberada,
yo,
águila vespertina ,
he alcanzado en mi vuelo
la línea misma del horizonte…
después,
os digo,
no hay nada,
silencio se escucharía
si hubiera allí oídos despiertos,
ojos que escuchasen.
IX
Lloré todas las guerras,
Los vivos muertos,
las ausencias,
las hadas desvalidas,
los muertos muertos
la soledad,
los silencios,
las caídas;
lloré los desencuentros,
las partidas;
mi llanto fue el mar,
la pasión infinita de las olas,
la incansable hidrografía
del rostro ajado de una Tierra convulsa,
estremecida.
X
Soy Okpal,
mi patria ahora
es el corazón de la gente viva,
mi leve y extenuado temblor universal:
la poesía.
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