Azul Dean
Poeta fiel al portal
Es la noche quien se viste de pesares,
y en el surco maduro de mis sienes
viene, sigilosa, a dar muerte al día.
Entonces,
de nuevo te propongo
que hagamos ese pacto:
yo cerrare los ojos,
yo prometo
olvidar, lo inolvidable.
Olvida tú -si puedes-
y en la ignota soledad de tus silencios,
de todos los recuerdos
haz hoguera,
guarida de las dudas,
entre la piel caliente
rebusca el mismo instante
del comienzo.
Escarba
con tus dedos
en los pliegues secretos de tu pecho,
en la tela de araña
de tus sueños
y mírame a los ojos-si es que puedes-
grita mi nombre,
leve,
roto,
de eco oscuro y frío,
de estériles verdades
o piadosas mentiras,
de animal que cansado,
se derrumba.
Un poco más allá de los relieves
que queramos, o no, hoy compartimos,
en el oscuro aliento de otro días,
en los muros desiertos
de las calles -malditas-
de la vieja ciudad que nos cobija,
yo para ti
escribo,
canto, lloro, grito,
acaso por momentos hasta digo:
que lo quieras, o no,
soy, somos: olvido.
y en el surco maduro de mis sienes
viene, sigilosa, a dar muerte al día.
Entonces,
de nuevo te propongo
que hagamos ese pacto:
yo cerrare los ojos,
yo prometo
olvidar, lo inolvidable.
Olvida tú -si puedes-
y en la ignota soledad de tus silencios,
de todos los recuerdos
haz hoguera,
guarida de las dudas,
entre la piel caliente
rebusca el mismo instante
del comienzo.
Escarba
con tus dedos
en los pliegues secretos de tu pecho,
en la tela de araña
de tus sueños
y mírame a los ojos-si es que puedes-
grita mi nombre,
leve,
roto,
de eco oscuro y frío,
de estériles verdades
o piadosas mentiras,
de animal que cansado,
se derrumba.
Un poco más allá de los relieves
que queramos, o no, hoy compartimos,
en el oscuro aliento de otro días,
en los muros desiertos
de las calles -malditas-
de la vieja ciudad que nos cobija,
yo para ti
escribo,
canto, lloro, grito,
acaso por momentos hasta digo:
que lo quieras, o no,
soy, somos: olvido.