Marck Queveck
Poeta recién llegado
Aún cuando no lo sepas,
en el murmullo del viento;
aún cuando te alejas,
con tu orgullo, con tu movimiento
soy tuyo.
En compañía o soledad,
en la noche o en el día;
aún en calma o tempestad,
angustia, ansiedad o agonía
soy tuyo.
Consciente e inconsciente,
en alegría o tristeza;
futuro o presente,
con debilidad o fortaleza
soy tuyo.
Aún en el recuerdo u olvido,
riqueza o pobreza;
estando aquí o perdido,
vivo o muerto por naturaleza
soy tuyo.
En el sueño o fantasía,
aún en guerra o paz,
a pesar de ser o no mía;
con o sin mi antifaz
soy tuyo.
Aún en valentía o cobardía,
mentira o verdad;
rencor o envidia,
esperanza o bondad
soy tuyo.
Podrá pasar el tiempo,
llenarse o no de placeres,
mientras haya un respiro;
existan amaneceres,
el cielo siga siendo azul,
aunque jamás digas que me quieres,
mientras las aves amen los atardeceres,
el fuego de la intimidad condene
nuestra actitud
y el lucero de la mañana permanezca
brillando en plenitud
seré tuyo.
En penumbra o claridad,
con o sin dolor;
en cualquier planeta o ciudad,
inhalando o no tu olor;
en ausencia o no de duda,
con o sin pudor;
en esta o la siguiente vida,
a pesar de las heridas
que nos dejan mal sabor,
seré siempre y muchísimo
más tuyo en el amor.
Entrego el lenguaje de mi corazón en estas líneas.
Mark Queveck
en el murmullo del viento;
aún cuando te alejas,
con tu orgullo, con tu movimiento
soy tuyo.
En compañía o soledad,
en la noche o en el día;
aún en calma o tempestad,
angustia, ansiedad o agonía
soy tuyo.
Consciente e inconsciente,
en alegría o tristeza;
futuro o presente,
con debilidad o fortaleza
soy tuyo.
Aún en el recuerdo u olvido,
riqueza o pobreza;
estando aquí o perdido,
vivo o muerto por naturaleza
soy tuyo.
En el sueño o fantasía,
aún en guerra o paz,
a pesar de ser o no mía;
con o sin mi antifaz
soy tuyo.
Aún en valentía o cobardía,
mentira o verdad;
rencor o envidia,
esperanza o bondad
soy tuyo.
Podrá pasar el tiempo,
llenarse o no de placeres,
mientras haya un respiro;
existan amaneceres,
el cielo siga siendo azul,
aunque jamás digas que me quieres,
mientras las aves amen los atardeceres,
el fuego de la intimidad condene
nuestra actitud
y el lucero de la mañana permanezca
brillando en plenitud
seré tuyo.
En penumbra o claridad,
con o sin dolor;
en cualquier planeta o ciudad,
inhalando o no tu olor;
en ausencia o no de duda,
con o sin pudor;
en esta o la siguiente vida,
a pesar de las heridas
que nos dejan mal sabor,
seré siempre y muchísimo
más tuyo en el amor.
Entrego el lenguaje de mi corazón en estas líneas.
Mark Queveck