Arkeidos
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siete ángeles
jinetes de relámpagos
potencias misteriosas,
que vive en el altar de fósiles
dentro de mi mente,
con cuatro paredes de tiempo y luz
estrelladas figuras de chispa de oscuridad.
La geometría de las almas brillantes
es un secreto de genios con alas
y ojos de universo,
distantes y perfectos sabios
que beben de mi espíritu
para ser libres,
como frases y versos
en palabras resaltadas
con tinta carmesí del corazón.
Te hice tan mía sangre
que todo lleva tu sello único,
al compás de un rayo azul
emerge la sal de mi piel
formando la figura del hombre que no pude ser.
Inocencia perdida
regresa y protégeme
de la perversidad
del deseo,
de aquellos que viven al ras del lodo
y nunca miran hacia el cielo
donde mi ser vive,
y se hace uno con la lluvia
de miles de resplandores de ángeles
que arden el sueño
en el ojo del infinito,
cual nieve de fuego y luz
que cae del sol de agua
con aurora de plata,
fusionado con la estrella del norte
donde reina la soledad fría y lejana
de un espacio sin final.
Electrizado de emociones simples
sonrió sin más motivación que solo respirar,
quizás debería confesar que yo no soy humano
soy solo un sueño de ángeles
que vaga en la distancia
de dos reinos
con alas prestadas.
En el espacio quemo todo
con la luz de mi alma
cuando habla,
con su silencio que escudriña
el detalle de la generosa creación
de un verdadero genio entre todos los genios
señor del principio y el final
el alfa y el omega de mis días de soñador.
jinetes de relámpagos
potencias misteriosas,
que vive en el altar de fósiles
dentro de mi mente,
con cuatro paredes de tiempo y luz
estrelladas figuras de chispa de oscuridad.
La geometría de las almas brillantes
es un secreto de genios con alas
y ojos de universo,
distantes y perfectos sabios
que beben de mi espíritu
para ser libres,
como frases y versos
en palabras resaltadas
con tinta carmesí del corazón.
Te hice tan mía sangre
que todo lleva tu sello único,
al compás de un rayo azul
emerge la sal de mi piel
formando la figura del hombre que no pude ser.
Inocencia perdida
regresa y protégeme
de la perversidad
del deseo,
de aquellos que viven al ras del lodo
y nunca miran hacia el cielo
donde mi ser vive,
y se hace uno con la lluvia
de miles de resplandores de ángeles
que arden el sueño
en el ojo del infinito,
cual nieve de fuego y luz
que cae del sol de agua
con aurora de plata,
fusionado con la estrella del norte
donde reina la soledad fría y lejana
de un espacio sin final.
Electrizado de emociones simples
sonrió sin más motivación que solo respirar,
quizás debería confesar que yo no soy humano
soy solo un sueño de ángeles
que vaga en la distancia
de dos reinos
con alas prestadas.
En el espacio quemo todo
con la luz de mi alma
cuando habla,
con su silencio que escudriña
el detalle de la generosa creación
de un verdadero genio entre todos los genios
señor del principio y el final
el alfa y el omega de mis días de soñador.
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