Soy yo que enturbia
la quietud pofunda
de tu vagabundo corazón.
Soy yo que persigo
con incesante anhelo
la paz de tus horas,
el beso de tu boca.
Soy yo que el alma abandona,
se vence y se atormenta
por aquel delirio
de tu amor primero.
¡Qué inocencia la de tu mirada!
Me robas los sentidos
que humilde aguardan
el alma dormida,
fresca y majestuosa,
donde al fin se pronuncie
la ternura de tu voz.
soy yo la armonia perfecta
que encierra el misterio
y el silencio,
ansia que consume
la prolongada espera
del torbellino encuentro,
bajo las mil estrellas.