Moisés Hernández González
Poeta recién llegado
Sus ojos son el mar en que me planto,
para hundirme tan pronto entre su abismo;
Su boca, dulce pulpa, ella es el sismo
que me mueve la vida con su manto.
Hace llover su piel sobre mi llanto
para lavarlo todo en mi bautismo,
¿Cómo decirla? nunca ella es lo mismo,
nieve es ahora, mañana es amianto.
Pero tiene un color, que es tan brillante,
una alma pura, una noche eterna,
algún albor señero en su semblante.
El ambar de su piel es cosa tierna,
mas lo físico no es lo avasallante,
la psique es lo que en ella me gobierna.
para hundirme tan pronto entre su abismo;
Su boca, dulce pulpa, ella es el sismo
que me mueve la vida con su manto.
Hace llover su piel sobre mi llanto
para lavarlo todo en mi bautismo,
¿Cómo decirla? nunca ella es lo mismo,
nieve es ahora, mañana es amianto.
Pero tiene un color, que es tan brillante,
una alma pura, una noche eterna,
algún albor señero en su semblante.
El ambar de su piel es cosa tierna,
mas lo físico no es lo avasallante,
la psique es lo que en ella me gobierna.