G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal

Quiero que a mí me entierren
sin que me extraigan su espina.
Que clavada en mí se quede
la prueba que la incrimina.
Que nunca puedan acusarla,
que nadie de ella sospeche.
Que libre exhale su aroma
y siga cual rosa inocente.
El día que me entierren,
que cierren antes mi herida.
Que nada por allí escape
y solo bajo piel perviva.
Borren totalmente el rastro,
sin cabo que sutil se suelte.
Que impune se abra la rosa
y mi voluntad se respete.
¡Ay! El día que me entierren
ella llorará a raudales.
El amor a todos nos hiere
¡Y en la espina iba su sangre!
G.S.A.