lenka vera aguilar
Poeta recién llegado
Me encuentro sentada en la alfombra
esperando derrumbar esa pared, planeando llegar a tí
sintiéndome cada vez menos lejana a tu rostro
y al mismo tiempo presa de tus ojitos negros
libre de tu aroma
pero despreciada por tus inquietas manos
queriendo ser indiferente al aroma de tu pelo
al sabor dulce de tu piel.
No quiero acercarme más a tí cuidando mis pasos
donde las llamas del fuego azul
se extinguen al ver mi corazón latir nuevamente,
sintiendo que cada hilo de lágrima
se lleva un centímetro de mi dignidad.
El mundo casi ya no me percibe
mis pasos no se sienten
es mi amor... que ha reducido mi existencia a un canasto de recuerdos
porque ahora te has convertido en mi razón, mi motivo
mi arte, mi bello e ingenuo sentimiento.
Pero ahí está,
no soy lo que quieres
tanta admirable verdad que la odio,
le diste una puñalada a mi corazón
pero el muy valiente sigue latiendo
maldito y temerario amor
me tienes sufriendo,
sólo quiero que no te asustes
muéstrame tu alma
enséñame tus pensamientos
que yo los sabré guardar como un tesoro perdido
en la interminable razón de mi cordura
esperando derrumbar esa pared, planeando llegar a tí
sintiéndome cada vez menos lejana a tu rostro
y al mismo tiempo presa de tus ojitos negros
libre de tu aroma
pero despreciada por tus inquietas manos
queriendo ser indiferente al aroma de tu pelo
al sabor dulce de tu piel.
No quiero acercarme más a tí cuidando mis pasos
donde las llamas del fuego azul
se extinguen al ver mi corazón latir nuevamente,
sintiendo que cada hilo de lágrima
se lleva un centímetro de mi dignidad.
El mundo casi ya no me percibe
mis pasos no se sienten
es mi amor... que ha reducido mi existencia a un canasto de recuerdos
porque ahora te has convertido en mi razón, mi motivo
mi arte, mi bello e ingenuo sentimiento.
Pero ahí está,
no soy lo que quieres
tanta admirable verdad que la odio,
le diste una puñalada a mi corazón
pero el muy valiente sigue latiendo
maldito y temerario amor
me tienes sufriendo,
sólo quiero que no te asustes
muéstrame tu alma
enséñame tus pensamientos
que yo los sabré guardar como un tesoro perdido
en la interminable razón de mi cordura