prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Atado a las raíces
de ese otoño que se desenvuelve
dentro de unos mililitros de sangre,
los mismos que hicieron
que a tus pies descalzos les fuera robada la timidez
por el vuelo azaroso de un balón de helio.
Las heridas, a veces, nos esperan tácitas en la arena.
La playa ha desaparecido completamente.
Nietzsche se rie desde sus libros
de esos monumentos sin pertenencia
esas bocas de delfín
de las que se evapora asiduamente el cloro.
No sé si conservas la cicatriz
o si hay algo más
de qué hablar, cuando el pasado
es una subasta de aviones de papel
lanzados a la deriva.
Volvíamos a la infancia tu y yo
y siempre me preguntabas
por qué la tienda de servicios funerarios
estaba tan pegada al paseo marítimo
y te respondía que las gaviotas no duermen.
de ese otoño que se desenvuelve
dentro de unos mililitros de sangre,
los mismos que hicieron
que a tus pies descalzos les fuera robada la timidez
por el vuelo azaroso de un balón de helio.
Las heridas, a veces, nos esperan tácitas en la arena.
La playa ha desaparecido completamente.
Nietzsche se rie desde sus libros
de esos monumentos sin pertenencia
esas bocas de delfín
de las que se evapora asiduamente el cloro.
No sé si conservas la cicatriz
o si hay algo más
de qué hablar, cuando el pasado
es una subasta de aviones de papel
lanzados a la deriva.
Volvíamos a la infancia tu y yo
y siempre me preguntabas
por qué la tienda de servicios funerarios
estaba tan pegada al paseo marítimo
y te respondía que las gaviotas no duermen.