Gustavo Arroyo
Poeta asiduo al portal
En una tarde de enero
que no me animo a recordar,
prometí con aire sincero
proceder a subastar,
no por el dinero
sino por descansar,
las cenizas del brasero
de mis lágrimas, nacidas sin llorar.
¡Cenizas a la una!,
¿quién quiere ofertar?
¡Cenizas a las dos,
ayúdenme a olvidar!
¡Cenizas a las tres!,
¿quién colabora en comprar?
Silencio sepulcral,
desinterés general.
Almoneda maldita,
muerta sin fructificar,
en ti residía mi esperanza
ahora ahogada sin brillar:
¡las cenizas aún cargo encima,
pero me resisto a llorar!
-G. Arroyo. 09/Abr./2011-
que no me animo a recordar,
prometí con aire sincero
proceder a subastar,
no por el dinero
sino por descansar,
las cenizas del brasero
de mis lágrimas, nacidas sin llorar.
¡Cenizas a la una!,
¿quién quiere ofertar?
¡Cenizas a las dos,
ayúdenme a olvidar!
¡Cenizas a las tres!,
¿quién colabora en comprar?
Silencio sepulcral,
desinterés general.
Almoneda maldita,
muerta sin fructificar,
en ti residía mi esperanza
ahora ahogada sin brillar:
¡las cenizas aún cargo encima,
pero me resisto a llorar!
-G. Arroyo. 09/Abr./2011-