Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Llegan a mí las notas de la triste melancolía,
y me traen los olores de un aliento apagado.
Las huellas de los tiempos pasados, son dagas,
y arrancan de mi cuerpo todo aquello que ríe;
la noche se echa encima mío,
asfixiando mi sueño.
Acaricio de nuevo la piel rugosa del abandono
que antaño me traía la hiel del vomito.
A miles de kilómetros se quedó mi vida;
tan lejos de mí, que pareciera que mora en otro mundo
resguardándose de todos mis secretos.
Trato de localizar un latido que me de esperanzas;
algo que cree en mí, ese antiguo amor por las letras
de un poema nacido del sentimiento.
Recuerdo la sensación hermosa de la rima,
que nacía tan dentro, que eran ecos de mi alma;
sonidos de algo que tocaba la suave melodía
de un poeta.
De un poeta desfigurado;
un lápiz sin punta, pintando círculos concéntricos
en la eterna elipse de tiempo de un papel de aire.
Las uñas del desasosiego araron surcos en los poemas
que pretendieron un día contar una historia de amor.
Llegan a mí, las notas de la triste melancolía;
mientras allá... en mi horizonte,
nunca amanece.
y me traen los olores de un aliento apagado.
Las huellas de los tiempos pasados, son dagas,
y arrancan de mi cuerpo todo aquello que ríe;
la noche se echa encima mío,
asfixiando mi sueño.
Acaricio de nuevo la piel rugosa del abandono
que antaño me traía la hiel del vomito.
A miles de kilómetros se quedó mi vida;
tan lejos de mí, que pareciera que mora en otro mundo
resguardándose de todos mis secretos.
Trato de localizar un latido que me de esperanzas;
algo que cree en mí, ese antiguo amor por las letras
de un poema nacido del sentimiento.
Recuerdo la sensación hermosa de la rima,
que nacía tan dentro, que eran ecos de mi alma;
sonidos de algo que tocaba la suave melodía
de un poeta.
De un poeta desfigurado;
un lápiz sin punta, pintando círculos concéntricos
en la eterna elipse de tiempo de un papel de aire.
Las uñas del desasosiego araron surcos en los poemas
que pretendieron un día contar una historia de amor.
Llegan a mí, las notas de la triste melancolía;
mientras allá... en mi horizonte,
nunca amanece.