Basilisa Heraz
Poeta recién llegado
Subsuelo 1
(Basilisa Heraz & Caballero Negro)
(Basilisa Heraz & Caballero Negro)
Nada se observa en la estancia
sin embargo se presiente
una sombra se divierte
jugando con la cordura.
Una niña juega y salta
bajando por la escalera
nunca más volví yo a verla,
el subsuelo hoy asalta.
sin embargo se presiente
una sombra se divierte
jugando con la cordura.
Una niña juega y salta
bajando por la escalera
nunca más volví yo a verla,
el subsuelo hoy asalta.
Ese olor a huellas frescas,
ese aire frío que recorre mi espalda
y que agita mi respiración.
Ahí está, lo presiento.
Bajo mis pies, algo extraño
ha estremecido mi interior.
Haciendo enchinar hasta mis huesos
siento a mi miedo muy dentro.
Sonidos huecos escapan de esa sombra
en esa rendija de luz que me mira sin marcas
no puedo pensar, su presencia me opaca
sólo siento...
y siento
luego....
nada.
Me parece mirar entre las grietas,
aquellas lúgubres figuras
de mi inquieta imaginación
que por nada está asueta.
Mi mano aprieta con fiereza
la fría llave de un viejo candado
y sin embargo,
se niega a girarla;
esa sombra iluminada,
me observa insistentemente
En el peldaño de la vieja escalera,
miro la oscuridad que hay en el fondo.
Una sensación llega y me aterra,
me imagino allí en lo mas hondo.
Un paso a lo desconocido,
mis pesados pies
no terminan de rasgar el suelo,
que se hace infinito,
cada vez más y más y más...
a medida que la distancia se acorta.
Cada paso hacia las sombras
hace que mi mente ya divague,
en busca de socorro inmediato,
ocultándose entre escombros.
Presencias desiertas de confianza,
nutren alegóricas imágenes dantescas,
y recorren los escasos metros
que me separan de esa puerta.
Voy cerrando mis ojos, aumenta mi latido
no encuentro esa anhelada luz,
a tientas voy viajando, succionado
por una fuerza que me tiene abatido.
Siento faltarme el aire,
respirar me cuesta
doy un grito en el silencio
- En la oscuridad
se puede ver una sombra
recostada en sus entrañas,
es la sombra de Pamela,
andando, de manos y piernas
encadenada -
ese aire frío que recorre mi espalda
y que agita mi respiración.
Ahí está, lo presiento.
Bajo mis pies, algo extraño
ha estremecido mi interior.
Haciendo enchinar hasta mis huesos
siento a mi miedo muy dentro.
Sonidos huecos escapan de esa sombra
en esa rendija de luz que me mira sin marcas
no puedo pensar, su presencia me opaca
sólo siento...
y siento
luego....
nada.
Me parece mirar entre las grietas,
aquellas lúgubres figuras
de mi inquieta imaginación
que por nada está asueta.
Mi mano aprieta con fiereza
la fría llave de un viejo candado
y sin embargo,
se niega a girarla;
esa sombra iluminada,
me observa insistentemente
En el peldaño de la vieja escalera,
miro la oscuridad que hay en el fondo.
Una sensación llega y me aterra,
me imagino allí en lo mas hondo.
Un paso a lo desconocido,
mis pesados pies
no terminan de rasgar el suelo,
que se hace infinito,
cada vez más y más y más...
a medida que la distancia se acorta.
Cada paso hacia las sombras
hace que mi mente ya divague,
en busca de socorro inmediato,
ocultándose entre escombros.
Presencias desiertas de confianza,
nutren alegóricas imágenes dantescas,
y recorren los escasos metros
que me separan de esa puerta.
Voy cerrando mis ojos, aumenta mi latido
no encuentro esa anhelada luz,
a tientas voy viajando, succionado
por una fuerza que me tiene abatido.
Siento faltarme el aire,
respirar me cuesta
doy un grito en el silencio
- En la oscuridad
se puede ver una sombra
recostada en sus entrañas,
es la sombra de Pamela,
andando, de manos y piernas
encadenada -